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Mineros de Concordia: Producir nunca puede valer más que proteger; ninguna tonelada extraída, ningún proyecto, ninguna inversión ni expectativa financiera puede justificar mantener personas trabajando cuando existen señales concretas de que su integridad puede estar en riesgo


Soy sonorense y durante más de 30 años de carrera periodística he seguido de cerca a una industria que forma parte de nuestra historia, nuestra economía y hasta de nuestra identidad; la minería no es un asunto periférico en Sonora; somos el principal estado minero del país y producimos alrededor de una tercera parte de la producción minera nacional; de acuerdo con el INEGI, la minería representó directamente 8.9 por ciento del PIB estatal en 2024, mientras que estimaciones del propio gobierno de Sonora elevan considerablemente su impacto cuando se incorpora toda la cadena de proveeduría, bienes y servicios vinculados al sector.

He cubierto minas, inversiones, conflictos laborales, accidentes, derrames, historias de prosperidad y también tragedias; conozco el peso económico de esta industria y precisamente por eso pocas historias relacionadas con la minería han golpeado tanto mi capacidad de sorpresa, de asombro y de indignación periodística como la ocurrida en Concordia, Sinaloa con trabajadores de la empresa canadiense Vizsla Silver; una historia que además nos toca especialmente a los sonorenses porque entre las víctimas había trabajadores de nuestro estado.

Ayer entrevisté en mi programa de Radio Fórmula Sonora a Alan Esparza y a Odracir Espinoza, vocero de las familias y representante legal, respectivamente; horas antes habían ofrecido una conferencia de prensa en la que expusieron una serie de elementos que obligan a mirar este caso no solamente desde la brutalidad criminal que terminó con nueve trabajadores encontrados sin vida y uno todavía desaparecido, sino desde otra vertiente igualmente necesaria: las condiciones en las que una empresa mantuvo trabajando a su personal en una zona donde, de acuerdo con los testimonios y documentos expuestos por las familias y sus abogados, existían antecedentes de inseguridad.

Ese trabajador que continúa desaparecido es el ingeniero Antonio Esparza Yáñez; su hijo Alan lleva más de ocho meses buscándolo; nueve familias ya enfrentaron la noticia más dolorosa, mientras la suya continúa viviendo en esa incertidumbre que no permite siquiera cerrar una historia.

Y hay algo que me resulta especialmente difícil de procesar después de escuchar los testimonios: según la representación jurídica de las familias, existían antecedentes de inseguridad antes del 23 de enero, hubo incidentes previos y la propia empresa había retirado trabajadores de la zona en abril de 2025 para después reactivar las labores en mayo; las familias aseguran además que existen audios en los que se escuchan balaceras mientras trabajadores hablaban con sus esposas e hijos; el miedo, según esos testimonios, estaba ahí mucho antes de que diez hombres fueran privados de la libertad.

Por eso hay una frase pronunciada durante la conferencia que resume de manera contundente el caso: las condiciones de seguridad no estaban dadas para seguir laborando en ese sector, sostuvo Odracir Espinoza; será la investigación la que determine responsabilidades jurídicas, pero periodísticamente resulta inevitable observar el desarrollo de hechos y preguntarse cómo pudo llegar una operación minera hasta el 23 de enero sin que la protección de sus trabajadores estuviera por encima de cualquier consideración productiva.

Porque producir nunca puede valer más que proteger; ninguna tonelada extraída, ningún proyecto, ninguna inversión ni expectativa financiera puede justificar mantener personas trabajando cuando existen señales concretas de que su integridad puede estar en riesgo; una empresa que opera en una región atravesada por la violencia no controla al crimen organizado, por supuesto, pero sí controla una decisión fundamental que es sobre bajo qué condiciones manda a trabajar a su gente y cuándo decide que esas condiciones dejaron de ser aceptables.

Hay además otro elemento difícil de entender; de acuerdo con lo expuesto por los representantes de las familias, Vizsla Silver no presentó una denuncia formal por la privación de la libertad de sus diez trabajadores; habría existido una llamada al 911, pero, según explicó el abogado, eso no equivale a una denuncia formal; tampoco, señalaron, se ha incorporado a la investigación información empresarial que consideran fundamental, como cámaras, GPS, correos, teléfonos corporativos, protocolos, reportes y evaluaciones de riesgo.

Y después viene el abandono que describen las familias. Alan reconoció que recibieron apoyo para algunos viáticos, pero fue contundente al explicar que eso resulta mínimo frente a lo que tuvieron que enfrentar; buscar, acudir a diligencias, tratar con fiscalías, intentar comprender investigaciones criminales y vivir pendientes de una llamada; Priscila (cuyo esposo desapareció y después fueron encontrados sus restos) contó algo todavía más doloroso: cuando llegó el momento de viajar para reconocer los cuerpos, fueron la Fiscalía General de la República y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas las que proporcionaron traslados, vuelos y acompañamiento psicológico. La empresa estuvo ausente.

He escuchado muchas historias dolorosas durante más de tres décadas detrás de un micrófono; algunas se quedan conmigo más tiempo que otras; ésta lo hará porque detrás de toda la discusión sobre responsabilidades existe una realidad sencilla: diez hombres salieron a trabajar y no regresaron; nueve fueron encontrados sin vida y el ingeniero Antonio Esparza Yáñez continúa desaparecido.

En Sonora sabemos muy bien lo que significa la minería; sabemos cuánto produce, cuántos empleos genera y cuánto representa para comunidades enteras; precisamente por eso también debemos saber algo elemental: ninguna industria puede medir su éxito únicamente por lo que extrae del suelo, también debe medirse por la manera en que protege a quienes bajan a la mina, recorren sus caminos, habitan sus campamentos y hacen posible que esa riqueza exista.

Porque antes que mineros eran personas; eran esposos, padres, hijos; y fueron a trabajar, no a jugarse la vida.

FUENTE/MEDIO: SINEMBARGO (ESPECIAL).
AUTOR: SOLEDAD DURAZO.
ENLACE: 
https://emeequis.com/analisis/los-mineros-de-concordia-cuando-producir-pudo-mas-que-proteger/

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