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» » » Ruffo aún no está libre, pero sí en su casa

El saldo político le salió al revés a quienes celebraron que Ruffo terminara en el Altiplano. La oposición encontró una causa alrededor de la cual reunirse. El gobierno volvió a exhibir su doble rasero al defender con pasión a los suyos mientras exige severidad inmediata para los de enfrente.


Ernesto Ruffo Appel ya está en su casa, en Ensenada. Llegó después de 40 horas por carretera desde el Altiplano. Sigue sujeto a un proceso penal y a las restricciones de la prisión domiciliaria, pero pudo abrazar a su familia. Después de estos dos meses, eso significa mucho.

El cambio de medida cautelar es una gran noticia. También me devuelve a una pregunta que hice al comenzar este caso. Escribí entonces que ni Sherlock Holmes lograría explicarme la trama huachicolera en la que se involucró al primer gobernador de oposición en la historia de México. La Fiscalía lo acusa de delitos graves y tiene la obligación de probarlos. Ruffo, por su parte, tiene derecho a defenderse sin que la prisión preventiva se convierta en una condena adelantada.

Su detención llegó en un momento muy oportuno para quienes necesitaban cambiar la conversación en Baja California. Los audios y los cuestionamientos alrededor de Marina del Pilar Ávila ocupaban los titulares. De pronto apareció el caso de un exgobernador panista acusado de huachicol. En términos de comunicación política, parecía que habían encontrado con qué empatar los cartones.

No tengo un documento que pruebe que alguien ordenó detenerlo para distraer la atención. Lo que sí puedo hacer es señalar la coincidencia y preguntarme por qué la justicia se muestra tan enérgica con unos y tan comprensiva con otros. Esa diferencia la ha visto demasiada gente como para pedirle que ahora finja sorpresa o que deje de desconfiar.

Lo que quizá no calcularon fue la reacción de Verónica Ruffo. Defendió a su padre con coraje, claridad y un amor que se nota incluso cuando está enojada. Guadalupe Acosta, Jorge Romero, Vicente Fox, Felipe Calderón, numerosos comunicadores y actores políticos también mantuvieron el caso en la conversación. No todos piensan igual ni tienen los mismos motivos para respaldarlo. Coincidieron, eso sí, en exigir que el Estado respetara sus derechos y que la acusación se resolviera con pruebas.

Hasta ahora, el saldo político le salió al revés a quienes celebraron que Ruffo terminara en el Altiplano. La oposición encontró una causa alrededor de la cual reunirse. El gobierno volvió a exhibir su doble rasero al defender con pasión a los suyos mientras exige severidad inmediata para los de enfrente. Además, si la Fiscalía no consigue sostener el caso, habrá contribuido a otro fiasco de la procuración de justicia. Al huachicol hay que investigarlo en serio. Precisamente por eso, una acusación de este tamaño no puede descansar en el impacto de los titulares.

Está también el traslado. Cuarenta horas por tierra desde una prisión de máxima seguridad hasta su domicilio en Ensenada. Hablamos de un hombre de 74 años cuya edad y condiciones de salud fueron razones para reconsiderar su permanencia en el penal. ¿Quién decidió llevarlo por carretera? ¿Qué riesgo se buscaba evitar? ¿Cuántos agentes, vehículos y recursos se emplearon durante casi dos días? Las autoridades deben explicar una decisión que, vista desde fuera, cuesta mucho justificar.

He dirigido operativos y sé lo que significa custodiar a una persona durante un recorrido tan largo. Hay que asegurar vehículos, rutas, relevos y paradas. Cada kilómetro agrega trabajo y riesgos para el detenido y para quienes lo acompañan. Por eso no encuentro una razón operativa evidente para someter a Ruffo a ese viaje. En cambio, sí entiendo la imagen que deja: la de un poder que quiere hacerse sentir hasta el último momento. Me recuerda aquellas épocas en que se paseaba al acusado para que todos vieran lo que podía pasarles.

El expediente sigue abierto. Ruffo tendrá que responder a la acusación y la Fiscalía tendrá que demostrarla ante un juez. Si hay pruebas de que cometió un delito, que se presenten. Si no las hay, que se diga y que se investigue cómo se construyó este caso. No estoy pidiendo un trato especial para un exgobernador. Estoy pidiendo que se aplique el mismo criterio a todos, incluidos los personajes cercanos al poder. Eso, que debería ser lo normal, hoy parece una exigencia excesiva.

Aprecio la templanza con la que Ernesto ha enfrentado estos meses. Muchos bajacalifornianos recordamos además lo que significó su triunfo en 1989, cuando la alternancia todavía parecía imposible. Esa trayectoria no lo exime de rendir cuentas. Tampoco da derecho a tratarlo como culpable antes de que exista una sentencia.

A Verónica le reconozco la tenacidad, la determinación y el amor con que defendió a su padre cuando más la necesitaba. Si todos los padres de este país tuvieran una hija como ella, nuestro México sería mejor. Ernesto Ruffo aún no está libre, pero ya está en su casa. Después del Altiplano y de 40 horas de camino, para él y para su familia ésa es la mejor noticia con la que podíamos empezar la semana.

FUENTE/MEDIO: EMEEQUIS (ESPECIAL).
AUTOR: ALBERTO CAPELLA.
ENLACE: https://emeequis.com/analisis/ruffo-aun-no-esta-libre-pero-si-en-su-casa/

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