Anahí, comerciante de 35 años, dice que está desesperada, que ya no aguanta más: lleva una semana durmiendo en una sala de espera luego de que, tras peregrinar por varias clínicas de la capital mexicana, llegara el lunes de la semana pasada al Hospital General de Iztapalapa con su marido de 48 años.
Desde entonces, no lo ha vuelto a ver, ni a escuchar. Ni a saber casi nada de su estado de salud, más allá de que tienen la sospecha de que es un paciente COVID-19, que está grave, y que lleva días recibiendo el apoyo de un tanque de oxígeno para respirar.





















