La advertencia sobre las condiciones de riesgo para los más de 650 mil usuarios diarios de la Línea 1 del Metro –la más antigua del Sistema de Transporte Colectivo (STC) y donde el martes 10 un choque de trenes dejó un muerto y 41 heridos– data por lo menos de hace seis años.
Y aun cuando las autoridades han reconocido la urgencia de modernizar las instalaciones de esa línea del llamado “gusano naranja” –incluso han hecho varios diagnósticos y planes de inversión–, las constantes fallas en el servicio se suman a la saturación de los convoyes, algunos de los cuales están en pésimas condiciones, como lo evidenció el percance de la semana pasada.





















