El prelado Salvador Rangel Mendoza dijo que ahora, cuando el cultivo de la amapola ya no es negocio, los grupos delincuencia se pelean el control del territorio en los lugares turísticos, por el negocio de la venta de drogas y la prostitución; así como las zonas donde hay minas, porque cobran cuotas a las mineras y a los mineros. Declaró que esto se debe el incremento de la violencia en las últimas semanas, en lugares como Acapulco y Chilpancingo, “y yo creo que el Presidente y las nuevas instituciones entraron con mucha bondad, con mano suavecita. No actúan con mano fuerte, entonces se están aprovechando los grupos delincuenciales y están haciendo de las suyas”, declaró vía telefónica a El Sur.
El Obispo Salvador Rangel Mendoza opinó que la violencia, que repuntó a partir de junio pasado, en lugares como Acapulco y Chilpancingo, obedece a que está fallando la “estrategia blanda” de seguridad del Gobierno federal en contra de la delincuencia organizada.
También declaró que se dejaron crecer conflictos, como el de Filo de Caballos, municipio de Leonardo Bravo (Chichihualco), con la presencia de la policía comunitaria de Heliodoro Castillo (Tlacotepec) y el de Rincón de Chautla y San Jerónimo Palantla, municipio de Chilapa, en donde insistió que el conflicto es por tierras y no por droga.