“¿Trabajan por vocación o por necesidad?”, suelta una joven juarense a un grupo de periodistas. La pregunta, inofensiva en apariencia, desconcierta: estalla por dentro, en diminutas partículas.
Estamos en el aula del Desarrollo Juvenil del Norte A.C, en Ciudad Juárez, sentados en semicírculo, frente a una veintena de jóvenes. Tienen diecisiete, veintiuno, veintiocho años. Y pertenecen a la generación 15 del programa Desafío, una iniciativa de la Fundación Comunitaria de la Frontera Norte que capacita a jóvenes que no estudian ni trabajan, y que viven en zonas vulnerables, riesgosas, con alta incidencia delictiva.





















