Consuelo y su esposo Armando tenían un huerto de aguacates, de donde sacaban hasta una tonelada de producto dos veces por año; tenían otro de duraznos, que acababan de hacer más grande, y un restaurante pequeño. También sembraban amapola. Habían construido su casa de cemento en la comunidad de Los Morros, en el municipio de Leonardo Bravo, en la Sierra de Guerrero.
Ella estuvo trabajando ocho años en Estados Unidos, en fábricas y hoteles, y su esposo hizo lo mismo durante 14 años. Volvieron a México porque acá habían dejado a sus cuatro hijas y ya tenían dinero para levantar su patrimonio.





















