AUTOR: DENISE DRESSER.
MÉXICO, D.F: Allí está la mesa puesta. Con velas. Con mantel. Con copas. Con cubiertos de plata. Una mesa que el gobierno de Enrique Peña Nieto le ha puesto a Televisa con la iniciativa de ley secundaria a la reforma en telecomunicaciones. Un sitio para degustar, saborear, beber, cantar.
Porque la televisora tiene motivos para celebrar una legislación diseñada para el tamaño de su apetito: para el tamaño de su voracidad, el tamaño del manjar que se le está ofreciendo. Como siempre, una propuesta que beneficia al operador pero perjudica al consumidor. Como tantas veces antes, una iniciativa que cumple promesas pero nada más para quien las exigió a la hora de redactar el menú.
El menú que supuestamente iba a ser equilibrado. Que no iba a tener sesgos. Que no iba a incluir regalos. Que no iba a tener dedicatoria o privilegios especiales. Eso nos dijeron, eso nos anticiparon, eso nos ofrecieron. Y después de meses de espera y anticipación y filtraciones y especulación, he allí lo que el gobierno cocinó: una legislación secundaria con desequilibrios regulatorios que afecta de manera más negativa a las telecomunicaciones, y termina beneficiando a Televisa.

