AUTOR: JOSÉ GIL OLMOS.
MEXICO, D.F. (apro).- La libertad siempre hay que celebrarla porque es una condición y un derecho universal inalienable. Hay que festejarlo sobre todo cuando alguien como Alberto Patishtán sale libre después de haber sufrido la injusticia de la prisión por muchos años, a pesar de que siempre se demostró su inocencia.
Sin embargo, lo que no se puede festejar ni celebrar es que haya sido por una decisión política y que seguramente el PRI y Enrique Peña Nieto tratarán de colgarse la medalla tras el indulto que se la dará al maestro chiapaneco.
Durante más de 13 años Patishtán ha permanecido en diferentes cárceles pagando una condena de 60 años a los que fue sentenciado por los tribunales de Chiapas, acusado de participar en una emboscada a policías en la que murieron cuatro de los uniformados.
En este tiempo presentó las pruebas de que él no estuvo en el lugar donde ocurrieron los hechos, y que los acusadores falsearon las declaraciones ministeriales.

