AUTOR: ANABEL HERNÁNDEZ.
MÉXICO, D.F. Llevo nueve días sin dormir y aunque en ocasiones llego a cerrar los ojos no tengo reposo. No hay descanso. No me dan tregua. Estoy en manos del enemigo.
Me encuentro en medio de dos fuegos. Entre quienes me amenazan de muerte desde hace casi tres años en represalia por mi trabajo de periodista y funcionarios del Mecanismo de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas de la Secretaría de Gobernación.
Soy periodista de investigación y, como el resto de decenas de periodistas asesinados, desaparecidos o amenazados, no sé quiénes son peores enemigos: los que amedrentan en represalia por el trabajo periodístico o los que, teniendo la obligación legal de proteger a los defensores de derechos humanos y periodistas, nos convierten en blanco fácil para que los otros nos maten.

