AUTOR: NATALIA ANTEZANA LOPEZ.
Aproximadamente a las 6 de la mañana, la mayoría de las veces con un pequeño chispeo de lluvia presente, los profesores empiezan a salir de sus casas de campaña o de esas edificaciones de plástico de colores amarradas con algunas cuerdas para cumplir la primera misión del día: prender el anafre.
Poner el carbón, o los pequeños trozos de madera que resultan los últimos estragos de un huacal, y luego prender un pedazo de cartón medio húmedo para que la braza empiece a arder es todo un arte.
“El secreto es ponerlo en un lugar donde haya corriente de aire” dijo un maestro de la costa de Oaxaca, ahí de Puerto Escondido. “Verás que así se prende más rápido y te ahorras el trabajo de andar soplando para que levante el fuego” explicó el maestro mientras poco a poco agregaba pedacitos de madera para evitar que se apagara el fuego.


