AUTOR: CARLOS BAUER.
(24 de junio, 2013).- En México, la democracia es un gran negocio debido a “personeros” disfrazados de legisladores que desde el Congreso han trabajado para que cada voto en una urna se convierta en billetes dentro del bolsillo de los socios de la televisora más importante del país, Televisa.
Esta historia se puede contar desde las elecciones presidenciales de 1994, cuando se creó el Instituto Federal Electoral (IFE) por el presidente Carlos Salinas de Gortari para controlar los daños de la crisis de legitimidad en la cual inició su sexenio por la desconfianza generalizada en los resultados de la elección que lo llevó al poder en 1988.
Este órgano acompañó la reforma electoral de 1996, la oposición competía en condiciones de evidente desventaja con el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Con la reforma de ese año, se estableció que el IFE asignaría a los partidos políticos dinero del presupuesto público para financiar sus campañas electorales, de tal manera que estuvieran en condiciones de competir. Desde entonces, a cada partido con registro para participar en una elección se le asigna un monto calculado con base en sus resultados en la votación anterior.

