viernes, 24 de enero de 2020

México, el otro muro de Trump que acabó con la caravana y la esperanza de migrantes

La Guardia Nacional disolvió la caravana que apenas logró avanzar 11 kilómetros en México. Al menos 800 personas fueron detenidas y encerradas en estaciones migratorias.

“¡Volveremos!” Con los brazos extendidos como un Cristo al que bajan de la cruz, un hondureño enorme, barbudo y de piel oscura clama de pura desesperación. “¿Como nos pueden tratar las personas que supuestamente son nuestros hermanos? ¡Nos están tratando como animales! ¿Qué trato es esto?”



Derrotado, enfadado, harto, sabe que no hay más camino para él. Que Estados Unidos sigue ahí, lejísimos, pero que a él le van a dar la vuelta. Que le espera la Honduras de siempre, con sus muertos y sus pandillas y su hambre y su corrupción. “¿Dónde están los derechos humanos?”, protesta. A su alrededor, una infinidad de guardias nacionales y un pasillo directo hacia un autobús del Instituto Nacional de Migración (INM), el transporte que él y sus compañeros se resistieron a aceptar hasta que fueron obligados.

Son las 16:30 del jueves 23 de enero en la carretera que une Ciudad Hidalgo con Tapachula, Chiapas.


Es el fin de la caravana migrante.



Tras los intentos fallidos del sábado y el lunes, quizás sea el fin de la posibilidad de que salga una nueva caravana migrante.

La larga marcha centroamericana que partió el 15 de enero desde San Pedro Sula, en Honduras, avanzó la mitad de una media maratón. Apenas puso un pie en México cuando fue rodeada, gaseada, disuelta y perseguida por decenas de uniformados. Ante la disyuntiva de correr a través de los sembradíos y tratar de llegar a Tapachula o rendirse, muchos se resignaron.


Las autoridades mexicanas no se movieron de su oferta inicial: entréguense, acepten que les encierren en una estación migratoria y esperen que no les toque la lotería de la deportación.

En realidad, todos los caminos llevaban al centro de detención de extranjeros. Quienes estos días se entregaron en la frontera cumpliendo el mandato del INM o quienes fueron atrapados en Chiapas tras cruzar sin documentos terminarán en el mismo lugar: encerrados en estación migratoria y con altas probabilidades de ser deportado.

El INM anunció que 800 personas fueron detenidas en la caravana. La institución sigue utilizando la palabra “rescatados”. Familias que lloran desconsoladas mientras son “rescatadas” por guardias con escudos, toletes y gas pimienta a quienes ninguno de ellos había pedido que les rescatase.

El lunes arrestaron a otras dos mil personas entre Tabasco y Chiapas, a las que hay que sumar el millar que se entregó en los puestos fronterizos el lunes. En total, más de 3 mil personas detenidas y encerradas en las estaciones migratorias de Tuxtla Gutiérrez, Villahermosa, Tenosique y Tapachula. 


Al mismo tiempo, la institución que dirige Francisco Garduño ha deportado a 669 personas por vía aérea y terrestre con destino a San Pedro Sula y Tegucigalpa, en Honduras.

El dato que no se ha hecho público es cuántas de las personas que fueron detenidas están en libertad siguiendo algún tipo de trámite para regularizar su situación en México, como la tarjeta de visitante por motivos humanitarios o la tarjeta de visitante regional, que permite trabajar en los estados del sur. 

La Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar) tampoco ha ofrecido cifras sobre cuántas personas pidieron refugio. Solo se sabe que 12 personas solicitaron protección en las oficinas de Tapachula. Se trata de migrantes que lograron evadir el bloqueo del lunes, sortear los retenes y operativos del INM y guardia en la carretera y alcanzar Tapachula. 

El Suchiate como el Mekong

La más exitosa de las intentonas de la menos exitosa de las caravanas comenzó antes de que hubiese amanecido en el Suchiate, frontera natural entre México y Guatemala. Viene con poco caudal. Lo comprobaron el lunes, aunque estaban demasiado cerca de la Guardia Nacional y la mayoría fue repelido. Para esta ocasión, la caravana jugó al factor sorpresa y cruzó en dirección a las afueras de Ciudad Hidalgo, cerca del paso de Suchiate II. Fue el único éxito para los centroamericanos. 

“Vamos hacia Estados Unidos. Nadie nos puede detener, solamente el de arriba”. Wilson, espigado y de gorra calada, avanzaba convencido a través del río. Pasaban unos minutos de las seis de la mañana y, con el agua a media cintura, cientos de centroamericanos pisan por primera vez México. Primero eran unos puntitos de luz, como luciérnagas entre la maleza. Poco a poco, la larga marcha apareció en todo su esplendor. Con el agua cubriéndoles por encima de la rodilla era como vietcongs en el Mekong. En lugar de armas, los desarrapados trataban de mantener seco unas zapatillas, una mochila con cuatro mudas, la carriola de un bebé.

No hay migras en la costa. 

Primer obstáculo superado.

“La crisis económica es horrible, no se puede vivir, no hay empleo. Además está la delincuencia, nos está quitando nuestra juventud. Ya los muchachos no pueden ir al cole a aprender porque les amenazan que si no entran en pandilla”, dice Erika Martínez, de la colonia de Carrizal, en Tegucigalpa, un arrabal pobre con fuerte presencia de la Mara Salvatrucha (MS-13) y el Barrio 18, las dos grandes pandillas que operan en Centroamérica. 

En la cabecera, banderas de Honduras, de Estados Unidos y mensajes a Trump y López Obrador con una súplica: poder llegar al norte. La gente avanza excitada, nerviosa, con algo de miedo. Sonríen. Sonríen mucho. Ni se imaginan cuánto les queda por delante para alcanzar la frontera con Estados Unidos, pero han superado el primer obstáculo. Será el único que superen. En diez horas todos estarán encerrados. Pero eso no lo saben todavía y sonríen, esperanzados.


“Hemos entrado de forma pacífica, nadie va a levantar la mano. Lo que queremos es nos extiendan un permiso, nos apoyen para arreglar el estatus migratorio”, dijo José Luis Morales, un tipo al que llaman “el flaco” y que ejerció de representante ante medios y autoridades.

Desde el sábado, migrantes y autoridades mexicanas han desarrollado un diálogo de sordos. 

Los centroamericanos alegan que huyen del hambre y la pobreza y que quieren llegar a Estados Unidos. Al menos, dicen muchos, se conformarían con un trabajo en la frontera norte, donde el salario es tres veces mayor que en la empobrecida Chiapas. Por eso quieren que México les extienda una visa de tránsito, que no existe en la legislación mexicana. En la práctica, los centroamericanos están pidiendo permiso pera cometer una irregularidad. Si algo enseñaron las caravanas es que el único modo de avanzar es desobedeciendo las leyes migratorias. Y para desobedecer no se extienden permisos. 

La negociación

Lo que Migración ofrece no ha variado: registro, encierro y una incierta regularización que incluye la petición de asilo.

Esa fue la oferta con la que Alma Delia Cruz, representante de la Comar en Chiapas, llegó para reunirse con la caminata. Pasaban algunos minutos de las 13 horas y la caminata apenas llevaba once kilómetros de recorrido. Ya se había corrido el rumor de que el retén estaba instalado en Metapa, a cinco kilómetros. Así que los migrantes decidieron descansar en una sombra antes de lanzarse hacia las decenas de antimotines que les aguardaban a ambos lados de la carretera.


Entonces llegó Luis Villagrán, abogado y defensor de los derechos humanos. Llegó con unos papeles elaborados por él mismo en los que se dirige a Andrés Ramírez, responsable de la Comar, que se otorgase la constancia como solicitante de asilo, lo que impide que lo deporten. “Con este estatus no pueden ser deportados. Así podrán esperar su trámite de forma legal para evitar un enfrentamiento o represión”, dijo. “El documento nos lo van a sellar”, dijo, comprometiendo la palabra de Ramírez.



Poco después llegaba Alma Delia Cruz a desmentir al abogado. “Soy la única representante de Comar”, dijo ante José Luis Morales, que hablaba en nombre de los migrantes (“no soy líder ni organizador”, repitió). Ahí, en la carretera, con cientos de migrantes desparramados en los arcenes, la oferta de la Comar no era muy distinta a la del INM: entregarse, ser encerrados en la estación migratoria y pedir refugio.

Dijo la delegada que esa era la única vía. Sin embargo, se da la paradoja de que si un migrante hubiese eludido el cerco y alcanzado Tapachula por su propio pie podía dirigirse a las oficinas de Comar y pedir ahí la protección. Esto garantiza, al menos mientras dura el trámite, que no será deportado.

De este modo, el mensaje era: si vienen en grupo, solo podrán pedir refugio encerrados. Si se abonan al sálvese-quien-pueda y lo intentan por su cuenta y riesgo, tienen una oportunidad.

“De acuerdo con lo que señalan los artículos 5, 6, 7, 11, 21 de la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político, y los artículos 16 y 24 de su Reglamento, toda persona extranjera que se encuentre en territorio nacional tiene derecho a solicitar el reconocimiento de la condición de refugiado, por sí, por su representante legal o por interpósita persona”, dijo Comar a través de un comunicado.


Si la ley dice esto, ¿por qué la delegada de Alma Delia Cruz dijo a los migrantes que su única alternativa era someterse al mandato del INM y entregarse? ¿Existía la posibilidad de tramitar el refugio en libertad y no se brindó esta oportunidad?

Sin acuerdo posible, la delegada de Comar se retiró y los migrantes quedaron a la expectativa. Sabían que, si ellos no avanzaban, al final sería la Guardia Nacional la que iría en su busca. 

A las 15 horas llegó el momento decisivo. Una representante del INM acudió con un ultimátum: o se entregan o los encerraremos nosotros. La Guardia Nacional ya había bloqueado los accesos a la carretera y un grupo de centroamericanos rezaba en la carretera. 

A las 15.20 horas exactamente, la barrera de la guardia avanzó sobre el grupo de migrantes. En primera línea, hombres jóvenes asustados que se agarraban unos a otros de los brazos. Mantuvieron la posición durante un minuto. Los escudos y el gas pimienta los dispersó.

A partir de aquí comienza la detención del migrante. 

Una mujer con sus dos hijas de la mano avanza llorando. 

Un joven cae desmayado. 

Un hombre intenta calmar a su hija a la que le falta el aire y llora por la acción de los gases. 

Decenas de personas tratan de escapar a través de los sembradíos.

Un oficial de la Guardia Nacional bromea sobre el gas, según un video recogido por Animal Político.

El resumen: soldados mexicanos detienen y encierran a familias centroamericanas para imponer políticas diseñadas en Estados Unidos. 

Desmantelada la caravana, los centroamericanos se resignaron. Uno a uno, muchos entre lágrimas, aceptaron su suerte y subieron en los autobuses a través de un pasillo de soldados armados con escudos. Los mismos soldados que minutos antes los habían perseguido a través de los sembradíos del sur de Chiapas. 

Donald Trump dijo que México pagaría por el muro. Durante toda esta semana, la Guardia Nacional ha sido el muro. Un muro que puede bloquear el paso en un río o avanzar y encapsular a cientos de migrantes. Así que Trump tenía razón. Andrés Manuel López Obrador mostró una gran eficiencia disolviendo una caminata formada por hombres famélicos en chancletas, madres con tres hijos al cuello, tullidos que se dejaron una pierna en La Bestia y niños con la ropa sucia por el polvo que lloran hasta deshidratarse porque no entienden absolutamente nada. 


El gran éxito de la estrategia de Trump y López Obrador fue mover la frontera de Estados Unidos 4 mil kilómetros al sur. Muchos de los que fueron detenidos volverán a intentarlo. Posiblemente no en caravana, pero volverán a intentarlo.

FUENTE: ANIMAL POLÍTICO.
AUTOR: ALBERTO PRADILLA.
LINK: https://www.animalpolitico.com/2020/01/mexico-otro-muro-trump-guardia-nacional-disuelve-caravana-migrante/