viernes, 28 de julio de 2017

Milicia y Justicia / La Marina, El Ojos y los retos de Mancera

La peligrosidad de la organización delictiva que encabezaba Felipe de Jesús Pérez, El Ojos –quien murió abatido el pasado 20 de julio en la delegación Tláhuac- era de tal magnitud que el alto mando de la Armada de México encomendó la tarea a un cuerpo de élite de infantería de Marina, encabezado por el mismo comandante que implementó la estrategia y captura de Joaquín El Chapo Guzmán.

Ni más, ni menos.
Se trataba de una de las tres organizaciones que controlan el narcomenudeo, la extorsión y el secuestro en la capital del país, las otras –de acuerdo con inteligencia naval- son La Unión y Nuevo Tepito. De ahí la trascendencia del asunto.
El alto mando naval sabía que el asunto era delicado y que para lograr su objetivo tenían que actuar solos. El Ojos había logrado escapar en dos ocasiones de los infantes de Marina. Curiosamente, en ambos casos, los marinos habían contado con el “apoyo” de la policía capitalina, pero un “pitazo” oportuno permitió su huida.
En ésta ocasión, a pesar de que el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, sabía que el operativo de captura era inminente –desde el inicio de la semana pasado el alto mando naval ya lo había puesto al tanto-, el mando naval evitó filtraciones, actuó solo y eligió el 20 de julio como la fecha adecuada para implementar la llamada Operación Tango, a plena luz del día, ya que inteligencia naval había detectado que el sujeto se manejaba de día con un bajo perfil.
Bajo perfil que contrastaba con casi una docena de camionetas blindadas y con el equipo de seguridad con el que se manejaba por las noches.
De acuerdo con mandos navales, la Secretaría de Marina cumplió con el compromiso asumido a finales de año pasado con Mancera, capturar a Felipe de Jesús Pérez, cuya influencia delictiva en materia de narcomenudeo, extorsiones y secuestro, se había expandido peligrosamente en los dos últimos años de la zona de Tláhuac, a Xochimilco, Tlalpan, Coyoacán así como Ciudad Universitaria.
De acuerdo con fuentes navales, desde hace más de cuatro años fue que se detectó la presencia la banda referida en Tláhuac y los mandos navales le informaron al propio Mancera del peligro potencial que representaba.
En aquel entonces, el jefe de gobierno aseguró que contaba con el personal y la capacidad suficiente para actuar. Sin embargo, la corrupción de los mandos policíacos y complicidad de autoridades de la delegación permitieron que la organización se fortaleciera y expandiera.
Fue a finales del año pasado que el jefe de gobierno se acercó al secretario de Marina para pedirle su apoyo, las investigaciones en contra de El Ojos no avanzaban e incluso, ya se había registrado la muerte de algunos policías capitalinos asignados a las indagatorias. Reconoció el funcionario que el asunto se le había salido del control y que era incapaz de resolverlo.
Ahora resta que Mancera cumpla con su parte, que actúe rápidamente en contra de lo que resta de la organización que encabezó El Ojos. Hace unas semanas, los marinos capturaron al cerebro financiero de la organización, lo cual, junto con la muerte de su líder, abre la puerta para que las autoridades capitalinas asesten un golpe definitivo a dicha organización delictiva.
De no hacerlo, el grupo delictivo tendrá oportunidad de reagruparse y retomar el tiempo perdido.
¿Audiencias públicas?
Las recientes audiencias del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte en un juzgado federal, ubicado en el Reclusorio Norte, evidenció la falta de transparencia y acceso a la información que priva en el poder judicial federal.
So pretexto de respetar los derechos humanos del ex funcionario, las mal llamadas audiencias públicas –donde sólo se permite el acceso a 30 representantes de los medios de comunicación- en las que los informadores sólo pueden ingresar con una libreta (la pluma se las entregan en el juzgado) impiden el acceso a la información a la ciudadanía, la cual de acuerdo a las acusaciones hechas por la Procuraduría General de la República) fue la más agraviada por la conducta del ex funcionario.
Tal parece que tanto el Sistema Nacional Anticorrupción (el cual inició formalmente hace unos días sin pies ni cabeza, porque ni siquiera se ha designado al fiscal anticorrupción) como el Sistema Penal Acusatorio, fueron aprobados para encubrir a los altos funcionarios que son llevados ante la justicia.
¿Cuál es la razón para que no se transmitan por el Canal Judicial, al menos las audiencias de juzgados federales cuando se trate de asuntos de trascendencia nacional?
¿Cuál fue la razón por la que se aprobó una ley que impide la difusión, a través de los medios de información, de audiencias en las que se ventilan asuntos de interés público?
De acuerdo con la ley, no se puede ni siquiera fotografiar o grabar en video la audiencia.
El argumento es que se violan los derechos de un presunto responsable, quien se supone que ya fue investigado por el ministerio público, quien además ya contó con la venia de un juez y giró una orden de aprehensión al considerar que había elementos suficientes para actuar en su contra.
Las audiencias públicas son otra mala copia de la justicia estadunidense, la cual prohíbe las cámaras fotográficas y de video en los juicios, pero permite el acceso a dibujantes para que retraten al acusado.
No se explica en las condiciones actuales que, al menos juicios como el de Duarte y de otros funcionarios públicos o de personajes que han lastimado severamente a la sociedad, no sean difundidos por los medios de comunicación.
¿O es mucho el temor de que las revelaciones que se hagan en las audiencias, salpiquen a más de uno?

FUENTE: LA JORNADA
AUTOR: JESÚS ARANDA