martes, 18 de julio de 2017

La banda de “El Cuije” ya volvió a Huehuetlán, Puebla; mató a 9, no la atraparon: ahora pide el doble

La noche del 2 de julio fue asesinado Merced Torres dentro de su casa y frente a su familia; luego levantaron a Hugo, Pablo y Luis Santiago y a los hermanos Abraham e Ignacio Flores Díaz, a quienes secuestraron y quemaron vivos; Evaristo Ramírez y su hijo también fueron masacrados. Cuatro de las familias de los ocho asesinados ya escaparon. El resto está terminando de acomodar sus cosas para huir del lugar.

A dos semanas de la masacre en Huehuetlán el Grande, Puebla, los siete integrantes de la banda comandada por Pedro Martínez Gómez, “El Cuije”, han regresado a cobrar derecho de piso a los habitantes. Cuatro de las familias de los ocho asesinados por sus hombres la noche del 2 de julio ya escaparon. El resto está terminando de acomodar sus cosas para huir del lugar.

Periódico Central estuvo el fin de semana en la población investigando cómo continúa la vida luego de que ocho personas fueran asesinadas por “El Cuije” cuando estas se negaron a entregarle una cuota mensual de 10 mil pesos para que les respetara la vida.



Los pobladores tienen plenamente identificada a la banda e incluso cuentan ya con fotografías e datos de cada uno de ellos, mismas que obtuvieron gracias al listado nominal de electores que entregaron a este periódico digital.

La banda está integrada por tres hermanos de Pedro Martínez Gómez, de nombres Noé, Cristian y José; también están los hermanos Taurino y Emanuel Rodríguez Vidal; y Miguel Ángel Zavala Díaz, a quien señalan como el encargado de los levantamientos de aquel trágico día.

La noche del 2 de julio fue asesinado Merced Torres dentro de su casa y frente a su familia; luego levantaron a Hugo, Pablo y Luis Santiago y a los hermanos Abraham e Ignacio Flores Díaz, a quienes secuestraron y quemaron vivos; Evaristo Ramírez y su hijo también fueron masacrados.

Las familias de cuatro de ellos dejaron sus casas vacías. Algunos hasta olvidaron cerrar puertas. Las casas aún tienen los restos de velorios truncos. Hay sillas mal acomodadas, lonas donde se realizaron los funerales y comida servida.

Aquellos que se quedaron planean irse pronto. “No vamos a hablar. No podemos. Sabemos que van a venir en contra de nosotros. De plano ya nos vamos”, señalaron los vecinos del barrio de Analco, donde levantaron a los tres Santiago para después incinerarlos.
“¿Quiere que digamos cómo nos sentimos? En una palabra: Miedo. Eso tenemos. El presidente tiene a los estatales. Ahí se quedan en la presidencia. Luego él ni está. Pero nosotros no tenemos escolta. Nosotros tenemos miedo”.
Mientras tanto, el Ejército Mexicano se fue de la población y solamente se mantienen dos células de la Policía Estatal. La gente no confía en sus autoridades ni en el presidente municipal, Lázaro Corona Luna, tampoco en los pocos policías que hay en la población.

“Estamos indefensos. Nomás vemos que pasan con el celular y en moto. Nos están checando. De día podemos estar un poco tranquilos, pero cae la noche y suenan las balaceras, nos metemos. Cerramos los negocios a las siete. Nunca se vio el pueblo así. La plaza estaba llena de gente. Ahora parece pueblo muerto”, comentó uno de los familiares de los masacrados entrevistados por Periódico Central en Huehuetlán El Grande.
“AHORA QUIEREN EL DOBLE”, DENUNCIAN


La casa de Merced Torres se encuentra vacía. Es la primera en verse en Huehuetlán El Grande. Donde él tenía una fábrica de bloc próspera ahora hay solamente una perra con sus cachorros hambrientos. La ansiedad de los perros exhibe que llevan días sin comida.

La casa luce vacía, las sillas y lonas del velorio ahí permanecen. “Su familia no está más en el pueblo… Ni les toque”, dijeron empleados del Ayuntamiento que estaban cortando la hierba al lado del camino.

En la casa de “Los Mariachis” —como conocían en el pueblo a Ignacio y Abraham Flores Díaz— olvidaron cerrar las puertas. No hay camionetas en el estacionamiento.
“La estética es de la esposa del difunto. Ahí la dejaron. Nomás se fueron. No contestan al teléfono, se fueron y ya. No abren sus locales, se quedaron cerrados. Y pues ahí están sus casas, abandonadas. Ni avisaron. Un día ya no los vimos”, señala el vecino del frente.
Los comerciantes bajan temprano sus cortinas, ya no abren sus misceláneas y los únicos negocios que funcionan son los que se encuentran en el primer cuadro de la población. Cuando caminas por Huehuetlán todos ven con desconfianza a los fuereños.
“Es que ahora quieren el doble. Nos llamaron. Todavía ni velaban a los difuntos cuando nos llamaron por teléfono. Ahora quieren el doble, o lo mandan a decir con su gente. Dicen que si no les pagamos van a levantarnos a todos. Y sí lo cumplen. Vuelven como si nada en la noche. Nomás escuchamos los disparos alrededor del pueblo. Nadie hace nada”, relató un comerciante.
Las viudas tienen la mirada perdida, tallan los trastes en el lavadero e ignoran las preguntas. En Huehuetlán El Grande las mujeres no hablan sin la presencia del hombre de su familia. “Que le diga él”, dice una señalando a su hombre.
“¿Cuánto paga la palabra?”, dice el padre de una de las viudas de los Santiago. “¿Para qué vienen? Vienen y no traen apoyo. Traiga dinero, traiga un apoyo, traiga para las viudas, los huérfanos. Muchos chamacos se quedaron sin padre”, dice el anciano al negarse a la entrevista.

El regidor Evelio Salas Salas, después de ser baleado en la población se mantiene guarecido en otra comunidad cercana. No ha vuelto a su trabajo en la presidencia municipal.

Como Periódico Central informó, tras la masacre, los pobladores se quejaron por la inactividad y dispararon contra José Martín Loaiza, quien murió en el tiroteo. Ahí fue herido Evelio Salas Salas.


Los pobladores con los que pudo hablar Periódico Central confirmaron las identidades con fotografía de todos los miembros de la banda que dirige “El Cuije”.

La mayoría son vecinos del barrio de Coatepec, perteneciente a Huehuetlán. Al regresar de los Estados Unidos Pedro Martínez Gómez, “El Cuije” consiguió trabajo en el municipio con el entonces presidente José Santamaría Zavala, a quien después traicionó y le robó la nómina. Durante el asalto lo mató, según mencionaron los vecinos de Huehuetlán.

“El Cuije” se asoció con Taurino Rodríguez Vidal y “El Matón”, como conocen a Emmanuel Rodríguez Vidal, con quienes reforzó su banda. A ellos se les unió Miguel Ángel Zavala Díaz quien estuvo encargado de los levantones del domingo 2 de julio.


En su banda están sus hermanos Noé Martínez Gómez, Cristian Martínez Gómez y José Martínez Gómez quienes los apoyaron en la masacre. Su participación en los hechos fue confirmada por los vecinos de Huehueltán El Grande con los que pudo hablar Periódico Central.

FUENTE: SIN EMBARGO/PERIÓDICO CENTRAL.
AUTOR: REDACCIÓN/EDMUNDO VELÁZQUEZ.
LINK: http://www.sinembargo.mx/17-07-2017/3264013