martes, 2 de febrero de 2016

Alberto Athié: se queda corto el Papa contra la pederastia

La solución es simple: acatar recomendaciones de la ONU. "La moneda está en el aire. Nosotros vamos a salir con una postura fuerte para demostrar que ese delito sigue vigente", dice Athié sobre la próxima visita del pontífice a México.

En 2014, el Estado Vaticano, presionado por el demoledor informe del Comité de los Derechos del Niño, reconoció que las instancias clericales habían procesado hasta ese año más de 4 mil casos de denuncias de abusos sexuales de religiosos contra menores. No obstante, sólo admitió 400 como pederastia clerical y definió el resto como efebofilia, es decir, atracción entre adolescentes del mismo sexo.

Además, el papa Francisco ha emitido severas declaraciones contra los curas pederastas, a quienes llamó antropófagos.

Sin embargo, en opinión del ex sacerdote Alberto Athié Gallo, destacado activista defensor de los derechos de las víctimas de abusos sexuales de religiosos, ni el Vaticano ni el pontífice argentino han marcado la más mínima diferencia respecto de las políticas de encubrimiento e impunidad de sus antecesores.

De la próxima visita papal, afirma, no hay que esperar demasiado, pero la moneda está en el aire. Por lo pronto, nosotros, como víctimas de la pederastia clerical, vamos a salir con una postura fuerte para demostrar que esos delitos siguen vigentes.

Athié es partícipe en numerosas querellas de pederastia clerical en los ámbitos del derecho canónigo y de la justicia civil.

Desacato

–¿Cambió algo en el encubrimiento de estos delitos a partir del informe de la coronación de Francisco y del informe del Comité de los Derechos del Niño en 2014?

–Mi opinión es que no. Lo primero que hace el papa Francisco al entrar al Vaticano (marzo de 2013) es formar una comisión pontificia para la protección del menor. Esto despertó expectativas importantes, pero esta comisión no es para revisar los casos del pasado, sino para prevenirlo en el futuro. No tiene dientes; ni siquiera tiene todavía un reglamento. A lo único que hasta ahora le han entrado es a dotar a los episcopados de un protocolo de prevención.

Para que ocurra un verdadero cambio dentro de la institución católica, según Alberto Athié, tendría que ocurrir algo muy sencillo. Es decir, que el Estado Vaticano acate las recomendaciones que le hizo el Comité de los Derechos del Niño de la ONU. Con eso daríamos vuelta a la página de la historia de esta tragedia, que tanto daño ha causado a miles. Y eso le toca a él. Es un acto de su autoridad.

–¿Va para allá?

–No lo veo. No hay ningún paso en ese sentido, a pesar del desgaste histórico brutal. Me parece que no han visto la magnitud del daño causado por las agresiones de esa naturaleza.

–¿Cómo impactó el informe de la ONU de 2014?

–Hay que recordar que, antes del informe, el comité había pedido a la Santa Sede, en tanto Estado miembro de la ONU y firmante de la convención de la niñez, un informe completo sobre las responsabilidades ante denuncias específicas que ya estaban expuestas en el organismo.

“Eran 11 preguntas, muy importantes. La Santa Sede responde que no puede informar porque no tiene jurisdicción en el ámbito de cada iglesia local, lo cual es falso. El Estado Vaticano es una estructura jerárquica. Las iglesias en todos los países del mundo son sus ramificaciones. Ya para entonces este organismo, dirigido por la jurista noruega Kirsten Sandberg, había recibido informes de Alemania, Irlanda, Holanda, Estados Unidos y, por supuesto México, donde se exponían casos muy claros de sacerdotes que cometieron abusos, protegidos por sus superiores locales bajo indicaciones de la Santa Sede.

“En lugar de responder, el representante permanente ante la ONU, monseñor Silvano Tomasi, descalificó totalmente el reporte del comité.

“¿Qué pasó, entonces? Se supone que el papa Francisco venía en plan de resolver esta situación. Antes de su coronación el problema de los religiosos pederastas era ya insostenible en todo el mundo. A cualquier país que fuera Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) le salían al paso las denuncias y las protestas. Yo creo que esto está en el trasfondo de su inexplicable renuncia.


“Lo cierto es que después del informe, el Papa no ha dicho nada más, y no se han cumplido las recomendaciones de la ONU: poner fin a los mecanismos que permiten sustraer a estos criminales de la justicia; abrir públicamente la información que tienen el Vaticano, las nunciaturas y todos los dicasterios sobre las denuncias y procesos de pederastia; entregar a las autoridades civiles a los perpetradores, y terminar con el código de reserva y secreto sobre la materia.

“En lugar de eso, creó un tribunal clerical para juzgar a los obispos que incurran en encubrimiento, es decir, un órgano para juzgar a aquellos a quienes se les encomendó encubrir a los curas que delinquieron. Es una instancia que no va a poder operar.

“Me imagino al cardenal Norberto Rivera compareciendo ante este tribunal. Bien puede responder: ‘yo solo hice lo que ustedes me ordenaron hacer’”.

Autoría intelectual

–¿Sigue vigente un patrón de conducta de la jerarquía eclesiástica, de eludir la vía civil y la responsabilidad penal en estos casos?

–Sí. Insisto: basta ver a partir de lo que ha pasado con el informe del comité, que establece claramente el patrón de comportamiento de la Iglesia y la Santa Sede en el mundo.

“El primer nivel de responsabilidad tiene que ver con los pederastas. En este nivel se actúa como con cualquier otro pederasta en el ámbito familiar, escolar, de las instituciones. Ahí el superior, el obispo, intenta contener el problema, nunca buscar justicia. Para las familias se trata de un conflicto moral tremendo, puesto que es el cura, la persona en que confían su vida espiritual.

“Al sacerdote, si acaso, se le regaña, y si reincide se le cambia de parroquia. A la familia se le invita al silencio, a la resignación y la discreción. Pero si las víctimas se rebelan y acuden a las autoridades civiles, se enfrentan a otros niveles de encubrimiento.

“En el segundo y tercer niveles entra ya la especificidad de la responsabilidad de la Iglesia católica. En el segundo existe un protocolo de atención a esos casos para llevarlos hacia adentro de la institución, bajo reserva y secreto. Al agresor se le atiende para que cambie su comportamiento mediante la persuasión espiritual. En pocos casos hay sanciones canónigas que no pasan de la expulsión del ministerio, pero consta en los documentos internos de la Iglesia que lo único que pretenden estos protocolos es salvaguardar la imagen de la Iglesia y el prestigio de sus autoridades. Aquí ya está implicada la autoría intelectual de la Santa Sede.

Cuando la denuncia llega al Ministerio Público y a los juzgados se da el tercer nivel de impunidad. Es cuando las autoridades judiciales se acercan con los clérigos para colaborar con ellos. Les preocupa no crearle un conflicto al obispo, al cura. Y se obstruye la justicia.

Athié Gallo fue parte del reducidísimo grupo de clérigos que se solidarizaron con los hombres que siendo niños fueron violados por Marcial Maciel en los seminarios de su congregación, legionarios de Cristo, y que, según ha admitido la propia Iglesia, suman más de 100 denuncias confirmadas. Por la defensa de estas víctimas, contemporáneos suyos, fue marginado de sus responsabilidades dentro de la Arquidiócesis de México y orillado a renunciar a su magisterio.

–En contraste con su visión, muchos tienen altas expectativas en el papado de Francisco, en particular por sus pronunciamientos contundentes en contra de los religiosos pederastas...

–Yo veo en este Papa una doble curva. Una ascendente muy bella, un pontífice que viene con un mensaje de humildad muy fuerte, que opta por eso por el nombre de Francisco, con discursos muy abiertos sobre la aceptación de los homosexuales, el perdón a las mujeres que abortan, la apertura a que éstas participen en espacios de decisión en la Iglesia, la apertura para los matrimonios de los divorciados. Todo eso es magnífico. Parecería un Papa evangélico.


“Sin embargo, en el ámbito de los hechos, de los cambios estructurales, veo una curva descendente. Por ejemplo, en su pronunciamiento sobre la homosexualidad, dice: ‘¿Quién soy yo para juzgarlos?’ Hubo uno que le creyó dentro de la institución, Krisztof Charamsa, un cura polaco, miembro de la curia romana. Se declaró homosexual, con una relación de pareja activa, y fue suspendido de manera fulminante a los pocos días. Esto ocurrió en octubre del año pasado.”

FUENTE: LA JORNADA.
AUTOR: BLANCHE PETRICH.
LINK: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/02/politica/010e1pol

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