lunes, 11 de mayo de 2015

‘Marcos’ (Galeano) frente al espejo y el abrazo a Ayotzinapa

El subcomandante del EZLN reapareció, primero, entre la niebla de Oventic, y después en el seminario zapatista realizado la semana pasada en la Universidad de la Tierra, en San Cristóbal de las Casas.

“Es oficial: hoy me bañé… después de 6 días”, confiesa el ex subcomandante ‘Marcos’, hoy llamado Galeano (nombre que tomó en honor a su compañero zapatista asesinado el año pasado).

La confesión provoca varias carcajadas de los asistentes al seminario “El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista”, que congregó a más de mil personas, desde el domingo 3 de mayo, cuando se inauguró en Oventic, hasta el sábado 9, al finalizar en la Universidad de la Tierra, enclavada en la colonia Maravillas de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

La serie de participaciones del subcomandante se vuelven una especie de show imperdible, del que no se supo nunca la hora, pero ocurrió cuando él decidió salir de la cabaña que resguardó a la Comisión Sexta del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y tomaba el micrófono.

Puede comenzar, como el martes 5 de mayo, con múltiples mentadas de madre, adornadas con su guante de calaca, al tiempo de que hace una pregunta: “¿se alcanza a ver hasta atrás?”. No hay molestia sino asombro ante el gesto, que quita la modorra a muchos que se sentaron durante horas, toda la semana, a escuchar a diferentes panelistas.

Galeano muestra a Marcos -a quien llama “el finado”- frente al espejo. “Me contó”, “me dijo”, son las palabras que usa para mencionarlo, como si no se tratara del mismo personaje con pasamontañas, que fuma pipa todo el tiempo, carga con su gorra café percudida, quien en dicha semana básicamente se dedica a responder a sus críticos, fustigar a los medios que llama “de paga” y abrazar la lucha de los padres y las madres de Ayotzinapa.

Aquel 5 de mayo, el subcomandante cuenta cómo Marcos “apreciaba más” al periodista que se olvidaba de escribir, tomar la foto o prender la grabadora, pues sentía que se estaba convirtiendo “en persona”, quien se enfrenta a la disyuntiva de convertir una noticia “en mercancía o en un mensaje”.

Galeano recuerda cómo Marcos en 2006, durante la llamada “otra campaña”, se cayó de un caballo que, además, le dio una patada en la pierna, “muy cerca de… agárrenme la onda”.

Un fotógrafo tomó la foto de Marcos en el suelo, quien valoró si enviar la fotografía a su medio, y terminó borrándola, porque consideró que no tenía qué ver con la “otra campaña”.

“Tuvo la opción de ser compañero o ser un empleado. Y fue un compañero”, comentó el subcomandante.

Con los medios, el líder del EZLN tiene cierto distanciamiento. Durante el homenaje a Luis Villoro y a Galeano, el 2 de mayo en Oventic, calificó a algunos como “come mierda” del gobierno, por haber divulgado que su compañero zapatista asesinado (José Luis Solís, conocido como ‘Galeano’), murió producto de un enfrentamiento.

Para inscribirse al seminario, también llamado “semillero”, los medios de comunicación tuvieron que definir si eran “de paga” o “libres”. Los de “paga” cargaron con un gafete amarillo huevo, mientras los otros portaron uno rojo. Al preguntarle a una de las organizadoras en qué consistían ambas categorías, reconoció que no hay una definición concreta, pero atinó en decir: “¿a ti te pagan por tu trabajo?.. Entonces, eres medio de paga”.

El 5 de mayo, a diferencia del 2, ya no había tantos medios escuchando, grabando, tomando fotos o tomando nota, de lo que decía Galeano. Se fueron a cubrir “cosas más importantes”, comentó el líder del EZLN.

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Galeano se lanza contra la hidra y se suma abiertamente a la lucha de los padres de Ayotzinapa:

“No debemos esperar estas bofetadas (Ayotzinapa) para despertar. El sistema está ahí acechando en todos los rincones, mordiendo nuestra sangre y bebiendo nuestra sangre, todos los días, a todas las horas, en todas las geografías.

“Son la muerte y la destrucción las que hacen vivir a la hidra del sistema capitalista. Las que la hacen crecer y reproducirse, hasta en los rincones más insospechados de la humanidad. Su credo se llama guerra. Este modo depredador se manifiesta a veces, cada vez más veces, también por simple placer perverso.

“La desaparición o la muerte impuestas, sólo para que el sistema le recuerde a todos y a sí mismo que no busca la impunidad: todo él es impunidad hecha gobierno, medio de comunicación, aparato judicial, cuerpo legislativo, Ejército, policía, cárcel, patrón, jefe, autoridad diversa.

“El sistema, no hay que olvidarlo, si debe optar por asumir un género, elige ser masculino, varón, hombre, macho, aún cuando lo administre sea mujer. Un patriarca que no por su ropaje modernizado es menos brutal y sangriento que el que se levantó desde que se inició la violencia contra lo femenino, no sólo contra la mujer. La hidra no sólo mutó en sus modos y venenos. También extendió su imperio de guerra a la niñez, adivinando tal vez que la subyugación también se hereda. Como el miedo, como la pobreza, como la rebeldía…

“Al pie de la hidra, sobre los cuerpos exánimes de sus cabezas pasadas, el estado nacional, el mercado interno, la política clásica, las fronteras nacionales, las clases políticas locales, la pequeña y mediana empresa, yacen sus víctimas predilectas: la verdad y la justicia. Todos los días, a todas horas, en todos los rincones del planeta, la hidra se yergue de nuevo, rejuvenecida y hambrienta. Muerde, deglute y vomita. Y vuelve a repetir el ciclo pero con un nuevo rostro: Ayotzinapa.

“Como si la grieta que lleva su nombre en el muro, se ahondara en proporción inversa al interés por dar vuelta a la hoja, por superarlo, por mirar para adelante, dicen arriba con distintos matices. Pero la sangre ha manchado todo el cuaderno.

“¿Pero cómo se supera una ausencia inexplicable, si adelante hay un abismo sin fondo, en el que al caer ni siquiera queda un consuelo de un final?

“Porque la desaparición forzada es eso: una caída continua de terror, alargándose más y más.

“Acá abajo, Ayotzinapa significa, en cambio, la búsqueda porfiada de la verdad y la justicia. Y se busca martillando preguntas en el corazón de un Estado, un país, un continente, un mundo que resuma sangre y mierda por todos lados…

“Y se nos ha dicho que faltan 43. Pero nosotros, nosotras, zapatistas, no nos sale la cuenta. Pero don Tomás toma el lapicero y corrige: 46. Y doña Bertha ha venido hasta acá para con sencilla sabiduría enmendar la cuenta, la suma: 47. Y detrás de ella comparecen miles de familiares de desaparecidos, asesinados, y la cuenta no deja de crecer, y la larga suma se sale del estado de Guerrero, de México, de centro América, del continente…

“Como si Ayotzinapa fuera también una lucha entre quienes acá abajo queremos sumar y allá arriba pretenden restar. Por eso decimos que cuando los familiares de Ayotzinapa levantan la demanda de verdad y justicia, están levantando una demanda universal.

“Ayotzinapa, entonces, deja de ser un número y se convierte en lo que es de por sí: una herida. Porque aún apagándose los medios de comunicación, en el entusiasmo virtual de las redes sociales, en las movilizaciones y mítines, abajo permanece ese dolor, abajo sigue la rabia. Como si el deseo de arriba en convertirla en cicatriz fracasara una y otra vez y allá arriba se esfuerzan en ofrecer espectáculos alternativos…

“Los zapatistas están… chingue y jode con Ayotzinapa. ¿Pues qué no leen los periódicos?, ¿qué no ven los noticieros?, ¿qué no entienden que lo actual, lo de hoy, ya no es Ayotzinapa sino las campañas electorales, es decir las encuestas?

“¿A quién se le ocurre abrazar a mujeres y hombres que andan de un lado a otro demandando verdad y justicia, cuando lo de hoy es andar de un lado a otro, intercambiando votos por despensas, gorras, playeras, esperanzas?”.

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El subcomandante contó que el año pasado, tres mujeres zapatistas escucharon a la señora Bertha Nava, madre de Julio César, quien murió durante el ataque a normalistas en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre de 2014.

“Las insurgentas regresaron a reportarse conmigo: una a una pasaron a informar… La primera dijo, más bien, trató de decir algo pero no pudo. Las palabras que trataba de decir se le hacían agua en la mirada. Le dije que se retirara y al salir de comandancia general del EZLN lloraba abiertamente.

“La segunda dijo, palabras más, palabras menos, ‘ahorita ni me preguntas, porque sólo tengo ganas de madrear a alguien’. Yo tragué saliva y para evitar convertirme en ese alguien, le dije que se retirara. Al salir, ella llevaba los puños cerrados.

“La tercera se reportó lacónica: bueno, sub, pues claro se ve que esa gente no se va a rendir, yo así lo veo”.

La señora Bertha Nava fue una de las asistentes al seminario de los zapatistas. En una escueta plática con ella, mientras revisaba las artesanías que vendían en el lugar, contó su plan para el 10 de mayo, Día de las Madres: marchar en la Ciudad de México.

-¿De dónde saca tanta fuerza?

-Del dolor…-, soltó sin ambages.

FUENTE: ARISTEGUI NOTICIAS.
AUTOR: REDACCIÓN.