lunes, 4 de mayo de 2015

El dilema del dragón

China, uno de los principales socios comerciales de México, se encuentra entre la espada y la pared. Sus esfuerzos por estimular el crecimiento económico podrían estar alimentando los riesgos de una burbuja financiera y una posible crisis similar a la del 2008.

El Banco Popular de China (BPC) y su gobernador, Zhou Xiaochuan, se enfrentan a una difícil decisión en lo referente a la política monetaria en la segunda mayor economía del mundo: escoger entre el crecimiento económico y la estabilidad financiera del país.

Por un lado, China registró su nivel más bajo de crecimiento económico en 24 años, una tasa de 7.4 por ciento, durante el 2014. Y aunque una desaceleración es normal como parte del desarrollo de un país emergente, el desempeño de su sector industrial e inmobiliario preocupa a los expertos.

Esto justificaría la aplicación de una política expansiva por parte del banco central chino; por ejemplo, mediante un recorte en su tasa de interés de referencia o en los requisitos de reservas de capital que impone a los bancos de su país.

Pero por otro lado, estas mismas políticas liberarían dinero que podría incrementar los riesgos de una burbuja en los mercados financieros en China. Éstos ya muestran señas preocupantes que tienen a algunos expertos advirtiendo sobre una burbuja que podría desacelerar aún más la economía del gigante asiático al reventarse.

En el último año, los principales índices accionarios del país han doblado su valor, aún cuando el desempeño de sus empresas no parece justificar este comportamiento. Y a medida que la carga de deuda china aumenta y se vuelve más difícil de pagar para algunas empresas, expertos advierten sobre posibles incumplimientos de pagos.

Dado el tamaño de la economía china y su peso sobre el crecimiento de otros mercados emergentes, la decisión de las autoridades chinas podría tener repercusiones mucho más allá de sus fronteras.

La revista The Economist reporta que ante este escenario, el gobierno chino debería regular más estrictamente sus mercados para evitar la especulación con dinero prestado. El banco central del país, mientras tanto, debería concentrarse en perseguir su doble mandato: la estabilidad de precios y el estímulo al crecimiento.

Cuidar el crecimiento...

Tras un año con su menor nivel de crecimiento en casi un cuarto de siglo, parece que el 2015 no traerá un repunte para la economía china.

Al igual que en Estados Unidos, el primer trimestre del año trajo un desempeño decepcionante en China, con su menor nivel de crecimiento trimestral en seis años. A una tasa interanual de 7 por ciento, el crecimiento durante es periodo apenas se alineó con el objetivo oficial fijado para este año.

Y si en los próximos trimestres el crecimiento sigue desacelerándose, incluso este menor objetivo de crecimiento podría ser difícil de lograr.

Es por esto que en abril el BPC decidió recortar un punto porcentual al requisito de reservas de capital que impone a los bancos chinos, colocando éste en 18.5 por ciento. Se estima que esto haya liberado el equivalente a 210 mil millones de dólares en reservas para realizar nuevos préstamos que estimulen el crecimiento.

Éste es el segundo recorte en el año, después de una reducción de medio punto porcentual en febrero que representó el primer cambio a estos requisitos desde el 2012. Y con el crecimiento viéndose en peligro, se esperan más recortes en el futuro.

... O la estabilidad

El problema con inyectar aún más dinero a la economía china es que ésta parece estar rebosando en él, sobre todo si se toma el desempeño de sus mercados accionarios como guía.

En el último año el índice accionario chino de referencia, el CSI 300, creció 120 por ciento. Esto a pesar de que el desempeño de los ingresos de las empresas que lo componen no han seguido la misma trayectoria. Además, la cantidad de préstamos otorgados con el propósito de invertir el dinero en el mercado accionario se ha triplicado en el último año, con el monto total aproximándose a los 270 mil millones de dólares.

Esto en un contexto en el cual la deuda privada de China equivale a más del 228 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). Si se agrega a esto a la deuda pública del país, la proporción rebasa el 282 por ciento, colocándose por encima de lo que se ve en economías avanzadas como Estados Unidos y Alemania. 


Si repentinamente se pierde la confianza en los mercados accionarios y de bonos, China podría enfrentarse a una crisis financiera similar a la del 2008 justo cuando su economía se encuentra en un ciclo de desaceleración: una combinación catastrófica.

FUENTE: REPORTE INDIGO.
AUTOR: ROLANDO HINOJOSA.

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