lunes, 30 de junio de 2014

Expediente abierto: los últimos días de “El Lazca”

FUENTE: PROCESO.
AUTOR: JUAN ALBERTO CEDILLO.

En abril de 2012, seis meses antes de su ejecución en Progreso,  Coahuila,  Heriberto Lazcano, El Lazca, estuvo a punto de ser capturado por elementos del Ejército. Por esas fechas había comenzado a interesarse por las minas de carbón y la organización criminal que encabezaba –Los Zetas–  no tenía fisuras notorias. Todo iba bien con Miguel Ángel Treviño Morales, El Z-40, su socio. Pero éste terminó por delatarlo y llamó a los marinos para darles la ubicación de “un comandante de Los Zetas” y éstos lo ejecutaron el 7 de octubre de ese año. A partir de documentos y declaraciones oficiales de sicarios detenidos,  Proceso reconstruye los últimos días de El Lazca.

PROGRESO, Coah: El 7 de octubre de 2012 las escasas gradas del polvoriento campo de beisbol local estaban llenas. Alrededor de 80 personas animaban a los equipos de los ejidos de Aura y San Alberto que esa tarde se enfrentaban. Distribuidos a lo largo de un estrecho camino, los pobladores seguían el partido.

La zona deportiva se ubica a un costado de la Carretera 57, justo antes de traspasar un arco de concreto que anuncia la llegada al pequeño poblado, desértico como la mayoría de los que se encuentran en el norte del estado.



Al filo de las 15:00 horas, cuando apenas se habían realizado las primeras jugadas, una camioneta Ford blanca de doble cabina se estacionó a la orilla de la carretera. El conductor y su acompañante observaron el encuentro desde el interior del vehículo.

Quince minutos después varias camionetas de la Secretaría de la Marina Armada de México (Semar) invadieron la localidad. Algunas llegaron por brechas, quizá para evadir a los halcones que trabajan para Los Zetas; otras lo hicieron por la estrecha carretera, mientras un helicóptero sobrevolaba la zona.

Los marinos se dirigieron a la camioneta blanca. Los dos hombres que se encontraban en ella abrieron fuego y mataron a un efectivo de la Semar. Sus compañeros respondieron y cundió el caos en el campo de beisbol. Aficionados y peloteros se dispersaron en todas direcciones. Los marinos intentaban reunirlos detrás del área del home para protegerlos, al tiempo que los dos hombres abandonaron la Ford blanca e intentaron huir.

Uno de ellos empuñaba un fusil de asalto AR-15 adaptado con un dispositivo lanzagranadas. Apenas avanzó 300 metros cuando fue alcanzado por los disparos de los marinos que se impactaron en su espalda y sus glúteos; cayó al lado de uno de los pedestales del arco que da la bienvenida a Progreso. El otro fue abatido ahí mismo.

La zona está lejos del municipio, pues para llegar a él se debe abandonar la Carretera 57 –que comienza en la Ciudad de México y termina en Piedras Negras– y recorrer un tramo de 22 kilómetros.

En la Ford blanca el Ministerio Público (MP) encontró un lanzacohetes con dos proyectiles hábiles, dos granadas de fragmentación, armas y municiones de diversos calibres.

A las 18:05 horas de ese 7 de octubre de 2012, empleados de la agencia del MP de Sabinas recibieron una llamada de elementos de la Semar en la que pedían la presencia de aquéllos, así como asistencia de personal de Servicios Periciales y de la Policía Investigadora en las inmediaciones del campo de beisbol, “toda vez que dos civiles habían fallecido”.

Tras revisar sus pertenencias, las autoridades encontraron una credencial que identificaba a uno de ellos como Mario Alberto Rodríguez Rodríguez, de 44 años, con domicilio en la calle Abedul 137, colonia La Joya, en Sabinas. Algunos pobladores comentaron que solía visitar a una mujer del ejido Aura.


(Fragmento del reportaje que se publica en Proceso 1965, ya en circulación)