viernes, 9 de mayo de 2014

Víctimas de violencia obstétrica, 80% de madres indígenas: UNAM

FUENTE: PROCESO.
AUTOR: REDACCIÓN.

MÉXICO, D.F. (apro).- Maltrato, humillación, ridiculización y agresiones psicológicas, físicas y verbales es lo que padecen cuatro de cada cinco mujeres indígenas que requieren atención médica durante el embarazo, parto o que solicitan atención en los servicios de salud, denunció Natividad Gutiérrez Chong, del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM.

Según datos oficiales, en México hay más de seis millones de mujeres indígenas, lo que significa que 4.8 millones de mujeres indígenas (el 80%) son víctimas de la violencia obstétrica.

La situación es grave debido a que, según los datos oficiales, seis de cada 10 mujeres indígenas están en etapa reproductiva. En promedio, comienzan su vida sexual a los 16 años, aunque se reportan casos en que la edad disminuyó a los 12.

Su tasa global de fecundidad es de 3.23 hijos, en comparación con las no indígenas que tienen 2.1. Además, el 45.8% de las mujeres indígenas debe pedir permiso para usar anticonceptivos, contra 34.9% de otros sectores de mujeres en la misma situación.



Chiapas y Oaxaca son las entidades con mayor número de habitantes de lenguas originarias y son donde se reporta el índice más elevado de desabasto de herramientas de control natal.

Ya de por sí, los pueblos originarios son el sector más desprotegido en el país, el que sufre más agresiones en todas sus formas, señala Gutiérrez Chong, pero las mujeres con hijos son las que resientes la mayor carga de estereotipos y una cultura violenta.

En ocasión del Día de las Madres, que en México se festeja cada 10 de mayo, refirió que los casos de violencia obstétrica reflejan la discriminación y carencias que enfrenta este grupo. Prueba de ello, dijo, son los casos documentados en que mujeres indígenas han parido en la recepción, pasillos o en jardines de los hospitales al serles negada la atención médica.

Por si fuera poco, abundó, en los servicios médicos con frecuencia se incumplen lineamientos de práctica médica y recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), porque se les realizan cirugías sin su autorización o el de su pareja o acompañante.

Constantemente, subrayó, se violan sus derechos humanos y reproductivos, que se expresan en burlas, ironías, regaños, insultos, amenazas, humillaciones, manipulación de la información y negación al tratamiento.

“Estas agresiones incluyen el uso de anticonceptivos, esterilización de las pacientes sin su consentimiento o negar a las madres la posibilidad de cargar y amamantar a sus bebés. Además, se les responsabiliza de recibir un trato deficiente por no hablar español”, apuntó la especialista.

Aunado a ello, la doctora en Sociología expuso que la mayoría de las indígenas son jefas de familia porque son abandonadas desde jóvenes o enfrentan agresiones o abandono por parte de los hombres. Esto fragmenta el tejido social e implica la ruptura emocional y afectiva familiar.

Y sin los cuidados establecidos por distintas normas nacionales e internacionales, sus niños nacen con carencias graves, como desnutrición. “Estamos ante una práctica de violencia obstétrica sin control que representa un problema de salud pública”, advirtió.

En suma, “el trato es precario, insuficiente, de mala calidad y violento”, sintetizó.

Gutiérrez Chong señaló que se requieren estrategias transversales y de género que sancionen todas esas prácticas negativas como delitos, y diseñar campañas masivas para crear conciencia entre la población para no etiquetar a este grupo como ejemplo de pobreza y una carga por tener hijos y mendigar en las calles. Es necesario un esfuerzo integral sin escatimar recursos, recomendó.

En marzo pasado, por primera vez diversas organizaciones de la sociedad civil denunciaron —a nivel mundial— casos de violencia obstétrica y muerte materna en una audiencia celebrada en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Recientemente, el Senado avaló un paquete de reformas a fin de sancionar al personal de hospitales públicos y privados que incurran en maltrato, negligencia y abusos contra embarazadas, pero aún no es suficiente.


“Las madres indígenas no sólo son el último eslabón de una cadena perversa de sometimiento machista, sino las guardianas de la tradición y la cultura originaria”, sostuvo la especialista.

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