viernes, 9 de mayo de 2014

Rossana Reguillo: México, el significado de ser joven hoy

FUENTE: REVOLUCIÓN 3.0
AUTOR: RAÚL LINARES.


(8 de mayo del 2014).- En México según estadísticas de Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), al menos la mitad de la población tiene 26 años o menos; además, uno de cada cuatro jóvenes, tiene una edad que oscila entre los 15 y 29 años de edad; de este porcentaje, 2.5 por ciento carecen de escolaridad, 20.6 cursó estudios de primaria, 31 la preparatoria, 20.7 la educación media, 23.1 la licenciatura y sólo el 1.2 por ciento la maestría.

Cada año, los niveles de desocupación y precariedad laboral, entretenimiento, salud, vivienda, acceso a la cultura, entre otros, alarman, y lo hacen de manera muy peculiar en la provincia. Por si fuera poco, aunado a estos preocupantes índices, se impone un extensivo fenómeno de la violencia.

Pero, a más allá de las estadísticas, ¿qué significa ser joven hoy?

Para la doctora Rossana Reguillo, investigadora del ITESO, quien el pasado 7 de mayo ofreció una conferencia sobre el movimiento #YoSoy132 en la UAM-Xochimilco, no existe duda: “no hay una definición, hay varias y varias formas de vivir la juventud.



Significan muchas respuestas… Entonces, la pregunta fundamental es: ¿de qué manera los jóvenes desde sus distintas maneras, distintos contextos, condiciones y biografías se están enfrentando con los recursos a mano?”.

La respuesta no vacila, pero hay, de hecho, una constante que las conjunta a todas: pertenecen a una misma “generación” y “la verdad es que se enfrentan una situación desastrosa.”

Un caso en específico: en el año 2013, de acuerdo a la OCDE, se crearon 463 mil 18 empleos formales en todo el país, pero de esa cantidad sólo 16.4 por ciento correspondieron a jóvenes de entre 15 y 29 años, por lo que en 2013 se generaron 75 mil 910 puestos de trabajo para hombres y mujeres de esas edades. La excusa en aquella ocasión, fue que la reforma financiera propuesta por Enrique Peña Nieto paró el crecimiento económico.

“Con base a esto, yo preferiría pensar en términos de circuitos. O sea: ¿en qué circuitos de México, transitan los jóvenes? De momento te das cuenta de que hay un circuito que está conectado, que va a la universidad, que tiene la posibilidad de aspirar a un trabajo digno, pero que es un sector muy minoritario. Hay otro circuito de asimilados al sistema, que transitan por un circuito aceitado por la máquina neoliberal, con empleos precarios, los que la sociología norteamericana llama trhee D Jobs: ‘peligroso, denigrante y sucio’.

“Ahora, tienes otro tercer circuito que podríamos llamar, lo que los colombianos –con una gran y terrible economía lingüística– le llaman los desechables. Que son esos chavos que ya no están de este lado de lo social. Jóvenes de un enorme inerme ejército de migrantes, jóvenes de origen mexicano y centroamericano, jóvenes que han sido totalmente descolgados por el sistema, que no tienen ninguna oportunidad laboral, educativa.”

Con base al informe “Indicadores de víctimas visibles e invisibles de homicidio” publicado en el 2012, la mayoría de los ejecutados en el sexenio de Felipe Calderón, fueron hombres de 25 a 35 años de edad. La mayoría estaban casados, si no es que vivían en unión libre. Eran padres. No tuvieron más que la educación básica. Siempre fueron pobres. Murieron de forma violenta. Por otra parte, la mayoría de los consignados en dicho periodo también mantienen el mismo perfil.

“Y por último, tienes el circuito de lo paralegal donde transitan los jóvenes sicarios, los halcones, los ‘burreros’; o sea, jóvenes que se han adaptado a la sociedad pero desde la delincuencia organizada.”

Para Reguillo, cada día se dibuja un complejo mapa de “circuitos” en los cuales se inserta la juventud, que en ocasiones se desestabiliza y sobrepone un límite y otro. Las situaciones políticas, económicas y culturales, por si fuera poco, dibujan panoramas mucho más sórdidos: “cada día hay más desilusión y la recuperación de una vieja consigna punk, ‘no hay futuro’.”


Por ello reconoció que las nuevas expresiones de politización juvenil, como el movimiento #YoSoy132, la marchas en contra de la reforma de Telecomunicaciones, las experiencias de articulación política en Ciudad Juárez, Tamaulipas, Morelos, entre otros estados, abren nuevos horizonte para repensar “potencias” del futuro, la articulación política, afectividad y la identidad generacional: “son respiros en medio de un aire enrarecido”, finalizó.