martes, 13 de mayo de 2014

Ocultan origen de temblores

FUENTE: REPORTE INDIGO/ REDES MONTERREY.

Mañana se cumplen cuatro meses de que Pemex, Gobierno del Estado de Nuevo León y el Municipio de Los Ramones prometieron determinar el origen de los sismos. Los afectados culpan al fracking de la extracción de gas shale en la Cuenca de Burgos

Habitantes afectados por el enjambre sísmico en Los Ramones exigen a Pemex y a las autoridades estatales y municipales, entregar el estudio que prometieron para determinar el origen de los temblores que afectan a la región.

Residentes de comunidades ubicadas al sur de la cabecera municipal culpan a la paraestatal Pemex de los movimientos telúricos por la extracción del gas de lutitas o shale, mediante el proceso de fractura hidráulica, conocido como fracking.

Mañana se cumplirán cuatro meses desde que Pemex se reunió con las autoridades y los pobladores, cuando se comprometió a elaborar el dictamen para conocer si la extracción del hidrocarburo está relacionada con los sismos.

Como parte de los acuerdos de esa reunión, la paraestatal dio su palabra de encargar el estudio a “alguna institución imparcial” e integró una comisión de trabajo con ciudadanos afectados, coordinada por el Ayuntamiento ramonense y el Gobierno de Nuevo León.



En el encuentro, técnicos del Activo Integral Burgos de Pemex Exploración y Producción, provenientes de Reynosa, Tamaulipas, explicaron las actividades de perforación en la Cuenca de Burgos, el yacimiento más grande de gas en México.

En lo particular, los funcionarios informaron sobre las cuestionadas operaciones en el pozo Tangram-1, ubicado en el vecino municipio de China, las cuales están actualmente suspendidas por un proceso de restauración.

Los especialistas negaron el pasado 14 de enero que la explotación en esa área provocara los sismos y, de acuerdo con habitantes que estuvieron presentes, aseguraron que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se haría cargo del dictamen técnico.

En la reunión, celebrada en la Presidencia Municipal de Los Ramones, acudieron el alcalde, Sergio Gómez Castillo, y el director de Desarrollo Municipal, Zonas Metropolitanas y Citrícola del Estado de Nuevo León, Alfonso Guzmán Gómez.

A cuatro meses de esa promesa, los habitantes aún sufren por las afectaciones a sus viviendas, ocasionadas por los movimientos telúricos que, a veces, se presentan hasta dos veces al día.

Mientras los ciudadanos culpan a Pemex de los temblores, intermediarios de inversionistas, o “coyotes”, aprovechan el temor y la desesperación para comprar predios a bajo precio, como publicó ayer Reporte Indigo.

Uno de los habitantes afectados en Los Ramones es Bonifacio Sánchez Páez, de la hacienda El Porvenir, quien asegura que los sismos coinciden con la extracción del gas shale por parte de Pemex.

El agricultor y dueño de una tienda de abarrotes muestra las grietas provocadas por los movimientos de tierra en el interior de su vivienda, que construyó hace una década a base de mucho esfuerzo.

Una madrugada de marzo pasado, recuerda, se despertó agitado con los gritos de horror de su esposa y un fuerte vaivén que cimbró su casa.

“Una noche estábamos acostados, era como la 1 de la mañana, más o menos, cuando de repente nos pescó dormidos. Se me hacía que hasta se movía la placa (de cemento) de lo que estaba cimbrándose, bien feo”, rememora.

Los movimientos de tierra, describe, se anticipan con un estruendo parecido a un bramido, seguido de una sacudida y un crujido en paredes, techos y pisos.

“Sentimos como un tronido y luego vibra todo el techo, las láminas. Hasta donde está uno sentado se siente, parece como que te levanta la tierra”.

Sánchez Páez asistió a la reunión entre ciudadanos, autoridades estatales y Pemex, pero recalca que nunca les han mostrado los resultados del dictamen prometido a los pobladores afectados por los sismos.

“Dicen que iban a hacer una exploración, que iban a hacer un estudio. ¿Pues uno cómo sabe si lo hacen o no lo hacen?”, cuestiona.

Otro testimonio es el del matrimonio de María Guadalupe Villalobos Elizondo y Gilberto González Ayala, habitantes del rancho La Peña, ubicado a 1.5 kilómetros del pozo Tangram-1, donde aseguran se localiza uno de los epicentros sismológicos.

Cuentan que, en sus 42 años de vivir en la misma casa, fue hasta octubre del año pasado cuando empezaron a sufrir las inesperadas sacudidas, anticipadas por un tronido, que ya agrietaron a la mitad a su vivienda.

“(Antes del pozo) nunca se habían registrado aquí estos temblores”, dice la esposa. 

“Dijeron en la junta que hicieron en Los Ramones que iban a hacer un estudio en la Universidad para ver que si era Pemex, pues Pemex se hiciera responsable, y si era de la naturaleza, pues qué le hacemos”, relata.

“No nos han dado ningún resultado”.

María Luisa Rodríguez López, una viuda del ejido La Conquista, enfatiza que nunca tendrán suficiente información de los sismos si no entregan las conclusiones del dictamen.

Ella es dueña de una pequeña tienda de abarrotes y se lamenta de no tener suficientes ingresos para mantener a sus hijos, mucho menos para reparar su vivienda, que también está cuarteada por los temblores.

“Nos da miedo, vivimos solos. Para mí, es a raíz de Pemex. Hay gente que dice que no, pero yo sí lo culpo, porque desde que se hizo ese pozo ha estado temblando”, dice mientras indica las grietas de su casa.

“No puedes dormir tranquila, porque no sabes si en un momento tiembla y a veces estoy sola, mis hijos en la escuela. A veces pienso, ¿los volveré a ver? ¿Se me caerá la casa? ¿Se derrumbará la tierra?”.

En cambio, Roberto García García es un jubilado de 63 años con una pequeña finca que comparte con su esposa durante los fines de semana, en el ejido Garza Ayala.

El originario de Monterrey cuenta que en los 15 años que tiene con esa propiedad, no se habían manifestado los temblores hasta octubre del año pasado, cuando llegaron acompañados de “explosiones”.


“A media noche se oían y tronaba. Hasta miedo te da, te querías salir por lo fuerte que se cimbran las ventanas y tiembla todo”, comenta.

Todos estos testimonios apuntan al pozo Tangram-1, un productor de gas seco con una profundidad de 4 mil 426 metros desarrollados, según el Informe Anual de 2013 de Pemex.

Ahí, la paraestatal taladró el subsuelo con agua, arena y químicos para causar fracturas y liberar el gas shale.

Pemex informa que el pozo se terminó en diciembre del año pasado, pero en un recorrido, Reporte Indigo observó una placa en la estructura fechada el 25 de julio de 2013, cuando se inició la perforación.

Esta operación forma parte de la Cuenca de Burgos donde se evalúa el modelo “play” no convencional de aceite y gas de lutitas, un modelo utilizado para extraer hidrocarburos acumulados en un nivel estratigráfico de la cuenca perforada.

“Bajo este concepto el pozo se perforó horizontalmente y fue terminado con fracturamiento hidráulico múltiple”, informa la paraestatal en el documento.

En países europeos y en algunas partes de Estados Unidos está prohibido este procedimiento que utiliza millones de litros de agua, debido a que ha provocado la contaminación de mantos acuíferos.


Al momento de publicar Pemex su último reporte de actividades, el pozo estaba en proceso de certificación y actualmente la operación está suspendida porque está en remodelación.