viernes, 9 de mayo de 2014

La balacera que separó a los líderes Beltrán y Mireles

FUENTE: PROCESO
AUTOR: REDACCIÓN (REPORTAJE ESPECIAL)

CHUQUIAPAN, LAZARO CÁRDENAS, Mich. (apro).- La rivalidad entre el líder de las autodefensas en Tepalcatepec, Estanislao Beltrán, Papá Pitufo, y el vocero destituido del movimiento, José Manuel Mireles, surgió entre las ráfagas disparadas por un líder apodado El Plátano.

El pasado 27 de abril, cerca de las cuatro de la tarde, varias camionetas de autodefensas de Caleta de Campos llegaron a una barricada ubicada a 24 kilómetros por la carretera Acalpican, en Manzanillo.

Los pobladores la instalaron ahí el 26 de febrero para contener al crimen organizado. Sin embargo, no pensaron que la muerte les llegaría por “fuego amigo”.

Un hombre que usa gorra azul, como de 66 años de edad, recuerda que en ese punto no tenían armas, sino “puros palos”.

Los autodefensas bajaron de las camionetas y uno preguntó a gritos dónde estaban las armas.



“¿Cuáles?, dijo mi sobrino. Un chamaco de 13 años. Y como respuesta recibió una ráfaga de AK- 47. A mí me tiraron en la cabeza pero no me dieron aunque las mismas balas me tumbaron”, cuenta.

“Comenzó la putacera, pero sólo de un lado, de la de El Plátano. Nosotros no estábamos armados y muchos corrimos rumbo al mar, a salvar la vida. Eso no dijeron los medios, sólo que fue un enfrentamiento, pero fue un asesinato vil de cinco inocentes y ya muertos les colocaron las pistolas”.

La agresión, dice otro hombre, fue avalada por el otrora líder de las autodefensas. “Nosotros establecimos esta barricada para cuidarnos de los malosos y resulta que la gente de El Plátano viene y mata aquí a cinco y queda impune. Eso lo avaló Mireles, aquí llego con ellos, acompañado y escoltado por el gobierno”.

Después de la rafagueada hubo ultraje. “Cargaron con todo lo que había en la barricada: un estéreo, un refrigerador, un televisor, radios, comida, lámparas, ropa, gallinas, los gallos de éste –señala a un autodefensa con capucha negra–, hasta zapatillas de una dama las subieron a una doble rodado y se fueron”, agrega el joven.

Aquí ninguno quiere dar su nombre porque ya no confían en nadie. Un autodefensa de sombrero negro dice que en esa zona pasan muchas cosas “y la prensa no dice nada. A un sobrino mío le cortaron las plantas de los pies y le dieron una arrejolada y amaneció muerto en una playa cercana. Nadie se enteró más que los de aquí”.

Aquel día de la balacera, cerca de las dos de la mañana, llegó Estanislao Beltrán Papá Pitufo. “Se dio una encabronada de la chingada”, cuenta otro que lleva el cabello amarrado.

Luego de eso, el grupo recibió armas. “Ahora sí traemos AK-47 pistolas R-15, escopetas y otras armas, pero ¿qué necesidad había?”, preguntan otros dos.

De aquella agresión –acusan– el comisionado especial Alfredo Castillo no dijo nada:

“No dijo que nuestros compañeros no estaban armados, ni ha dicho que fue un vil asesinato y que ya presentaron queja nuestras familias en la 43 Zona Militar de Apatzingán hace ocho días con el general Miguel Ángel Patiño Canchola, para que detengan a El Plátano, que es gente del doctor Mireles, para que pague por esos asesinatos cobardes”, reprochan.

Autodefensas del municipio de Arteaga aseguran que cuando iban por la sierra con Papá Pitufo y otros comandantes hacia Caleta de Campos, se enteraron de los hechos.

Afirman que aquel ataque le dolió tanto a Estanislao Beltrán que al día siguiente en un restaurante de chinos de Arteaga, éste le reclamó fuerte a José Manuel Mireles.

“El doctor no dijo nada, se quedó callado ante la cagada que le dio Pitufo”, detallan. El reproche siguió: “Se echaron a perder los planes de tomar Lázaro Cárdenas por Caleta de Campos y La Mira con esa acción de El Plátano a quien le diste permiso de avanzar, cuando te dijimos que te esperaras”.

Según el relato, Mireles guardó silencio y cenó solo con su guardaespaldas. “Nadie de los compañeros se acercó a él. Ahí nació la enemistad que el 7 de mayo llevó a la salida de las autodefensas a José Manuel”, aseguran varios autodefensas.


Ahora, la gente de Chuquiapan está “muy encabronada”, asegura el hombre de la gorra azul. “Ya estamos armados y si no agarran pronto a El Plátano, nosotros mismos vamos ir a Caleta de Campos a buscarlo, a ver si es igual disparar a gente armada que desarmada, como lo hicieron ellos”, advierte.