miércoles, 29 de enero de 2014

Narcorating, las teleseries de los capos

FUENTE: PROCESO. 28-01-2014.
AUTOR: JENARO VILLAMIL.

MÉXICO, D.F. (apro).- El éxito de la serie Breaking Bad frente a las audiencias norteamericanas y mundiales confirmó la nueva oleada de thrillers e historias por venir en la televisión restringida: los antihéroes del narcotráfico.

Ya no se trata de documentar o mitificar a la vieja mafia de los años treinta, ni a los Padrino al estilo Al Capone o Los Soprano, sino a los capos del narcotráfico latinoamericano.

Teleseries con mucho éxito como El Patrón del Mal, El Cártel de los Sapos, El Señor de los Cielos y, en 2014, la competencia entre Telemundo y Univisión por atraer a las audiencias de habla hispana en Estados Unidos con Camelia la Texana, en el primer caso, y El Varón de la Droga, en el caso de Univisión y su filial Unimas, despertarán una competencia nada velada por el narcorating.

Unimas dio a conocer este 28 de enero que adquirió los derechos para transmitir la vida y obra de Joaquín El Chapo Guzmán, el capo sinaloense que la revista Forbes entronizó como “el narcotraficante más peligroso del mundo”, mientras anda desaparecido frente a los supuestos cuerpos policiacos que lo persiguen.

En el imaginario estadunidense y mexicano El Chapo ha rebasado con mucho las historias de terror de Rafael Caro Quintero, de Amado Carrillo Fuentes, de los Arellano Félix y, por supuesto, del colombiano Pablo Escobar Gaviria, quizá el primer capo que alcanza la cumbre armando su propio ejército, no sólo de sicarios sino de simpatizantes.

El Chapo es mítico no sólo desde su fuga pactada en 2001 de la cárcel de Puente Grande, Jalisco, sino por el poder alcanzado justo en el mismo sexenio que le declaró la guerra a los capos de la droga y él salió ampliamente beneficiado.

Si bien la guerra contra las drogas –relanzada desde los setenta por Estados Unidos– ha sido un rotundo fracaso, y hasta Barak Obama asume que la mariguana es menos dañina que el alcohol y, por tanto, abre paso a la despenalización de su consumo, las historias de poder, abuso, violencia, corrupción y política vinculada a los narcotraficantes latinoamericanos se volverá la fórmula de la cultura del espectáculo para resignificar estas historias de terror.

No nos extrañemos que luego veamos una teleserie con la historia de Los Zetas y, ahora que están de moda, esta mezcla de religión criminal y Estado paralelo que son los Caballeros Templarios de Michoacán. En ambos casos, hablamos ya no sólo de un capo en particular sino de un fenómeno psicosocial que pretende combatirse con armas y ejército cuando su fortaleza radica en el miedo, la paranoia social y su enorme capacidad de corrupción.

El Varón de la Droga se trata de la segunda teleserie escrita por Andrés López, exintegrante de un cártel de la droga, que alcanzó éxito con El Cártel de los Sapos. Fue escrita mientras purgaba una condena y adaptada al cine y a la televisión.

Las historias desde adentro se convertirán en la nueva mina de oro. Ya ni quién se acuerde de esos pésimos infomerciales disfrazados de teleseries como El Equipo, financiado por Genaro García Luna para Televisa, o La Teniente, patrocinada por la Secretaría de Marina en TV Azteca.

Nunca los policías y militares mexicanos y sus supuestos logros heroicos han generado rating porque no son creíbles. Todo mundo sabe en México y en Estados Unidos que quienes mandan y comandan esta “guerra” son los capos, no los “defensores de la ley”.

El narcorating confirma, finalmente, una vieja tesis de Carlos Monsiváis: en México y en América Latina nunca se desarrolló la novela policiaca porque nadie cree en los policías.

Los antihéroes, los bandidos, los capos de la droga sustituirán las telenovelas esquemáticas, anticuadas y mal actuadas de Televisa no por su calidad sino porque masifican finalmente ese extraño sentimiento social de odio-atracción por “los malos” que, finalmente, resultan los benefactores en la ley de la selva.


Falta saber si las dos grandes cadenas estadunidenses de habla hispana –Univisión y Telemundo– deciden sólo adaptar versiones fantasiosas de los capos o realmente documentan las redes criminales que se extienden hasta el corazón del poder estadunidense, de la DEA, la CIA y el FBI en franca decadencia.