lunes, 20 de enero de 2014

La breve y turbia carrera del zar de Michoacán

FUENTE: PROCESO. 
AUTOR: JENARO VILLAMIL.

Cercano a Enrique Peña Nieto desde sus tiempos en el Estado de México, Alfredo Castillo Cervantes ha sido uno de sus “apagafuegos”. Empezó con el caso de la menor Paulette Gebara Farah y siguió con infinidad de casos cuando estuvo al frente de la procuraduría mexiquense, inmerso siempre en el escándalo. Ese estigma no lo abandona, tal como se ve ahora que fue nombrado comisionado en Michoacán para meter orden en esa exaltada entidad.

MÉXICO, D.F. “Tú debes buscar a una niña muerta, no a una niña desaparecida”, le advirtió Luis Cárdenas Palomino –segundo hombre fuerte de Genaro García Luna en el sexenio calderonista– a su amigo Alfredo Castillo Cervantes en marzo de 2010.

En esa época Castillo Cervantes era subprocurador regional de Cuautitlán Izcalli, Estado de México, y responsable de la investigación de la niña Paulette Gebara Farah, desaparecida entre el 21 y 22 de ese mes en Huixquilucan.

Hoy Castillo es comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán. En privado admite que la recomendación de Cárdenas Palomino fue determinante para la solución de aquel caso, uno de los más escandalosos en los tiempos de Enrique Peña Nieto como gobernador del Estado de México.



Y así fue. Castillo “salvó” de la peor crisis mediática al gobierno peñanietista, pese a que muchos consideraron fantasiosa y poco creíble la versión de que la menor murió accidentalmente en su propia cama. Decenas de agentes, reporteros y familiares estuvieron en el mismo cuarto donde después apareció el cuerpo de Paulette, en el llamado “colchón asesino”.

Castillo le dio carpetazo al asunto. Semanas después, en mayo de 2010, sustituyó a su amigo Alberto Bazbaz Sacal como titular de la procuraduría mexiquense; éste había lanzado en cadena nacional de televisión la versión de que no había duda de que “se trató de un homicidio” (Proceso 1745).

En menos de un lustro, el joven licenciado en derecho por la UAM y licenciado en ciencias políticas y administración pública por la Universidad Iberoamericana ha tenido una meteórica carrera: fue procurador mexiquense hasta el primer año de la administración de Eruviel Ávila, con quien tuvo roces constantes por su “protagonismo mediático”; responsable del área de Justicia en el equipo de transición de Peña Nieto.

El 1 de diciembre de 2012 asumió como subprocurador de Control Regional, Procedimientos Penales y Amparo en la PGR, con línea directa con el primer mandatario; en mayo de 2013 sustituyó a Humberto Benítez Treviño como titular de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), tras el escándalo conocido como “Lady Profeco” y el pasado miércoles 15 un decreto presidencial lo convirtió en el “hombre fuerte” de Peña Nieto en Michoacán.

Como operador personal de Peña Nieto y “apagafuegos” de crisis con alto impacto mediático, Castillo Cervantes jugó un papel clave en la investigación y el expediente de la explosión de la Torre B2 de Pemex el 31 de enero de 2013, y en detallar las operaciones ilícitas que condujeron a la detención de profesora Elba Esther Gordillo, exaliada de Peña Nieto, en febrero del mismo año. El elbazo es considerado el “golpe espectacular” más importante de la administración peñanietista.

Con estos antecedentes, Castillo Cervantes sustituyó a Humberto Benítez Treviño en la Profeco, luego del escándalo de su hija Andrea Benítez, quien mandó a cerrar un restaurante de la colonia Roma en el Distrito Federal porque, dijo, no fue atendida a su gusto.


(Fragmento del reportaje que se publica en Proceso 1942, ya en circulación)

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