lunes, 2 de diciembre de 2013

En economía, la inoperancia

FUENTE: PROCESO
AUTOR: CARLOS ACOSTA CÓRDOVA.

En términos económicos, 2013 fue un pésimo año para México y para los mexicanos, y en particular para el gobierno de Enrique Peña Nieto y su secretario de Hacienda, Luis Videgaray. Consecuencia implacable de los torpes y lentos manejos de las finanzas nacionales son el empobrecimiento vertiginoso de la población, la pulverización de las clases medias, la falta de empleo y, en general, el crecimiento prácticamente nulo de la economía. Si algo faltara, el tiro de gracia lo representó la reforma hacendaria, esa abusiva miscelánea fiscal que indignó a todos.

MÉXICO, D.F. Inexperiencia, malas decisiones y arrogancia de quienes conducen la economía del país, se combinaron con una débil y muy lenta recuperación de la economía estadunidense –que no pudo jalar a la mexicana–, para hacer del primer año de gobierno de Enrique Peña Nieto, un año gris, mediocre, en materia económica.

No se logró ni el crecimiento prometido, ni la creación de empleos ofrecida, ni –mucho menos– la mejoría en el bienestar de la sociedad, que con tanto ánimo aseguraba Peña Nieto que se obtendría apenas llegara él al mando del país.

Nada. La economía se estancó. Apenas crecerá un tercio de lo que creció en 2012: 1.3%, en los cálculos optimistas de la Secretaría de Hacienda, contra 3.9% del año pasado. Muy lejos del 3.5% pronosticado al principio de la administración y más lejos aún del promedio de 4.3% en que creció la economía durante los últimos tres años del gobierno de Felipe Calderón.

De los empleos, ni se diga. La meta de un millón de nuevos puestos de trabajo aparece inalcanzable. A septiembre, no iba ni la mitad; apenas poco más de 440 mil, que es una cantidad 26% inferior a la que se registró en los primeros nueve meses del año pasado. Lo peor es que en su mayoría, esos nuevos empleos están en la informalidad. Y más grave, que todavía haya más de 2.7 millones de mexicanos en el desempleo absoluto.

Nadie sabe dónde quedó la reforma laboral que arrancó justo en el inicio del gobierno actual.

Y si los datos macro fueron un desastre en el año, los microeconómicos, por supuesto, siguieron esa ruta. Sobre todo en los primeros seis meses, las empresas, de todos los tamaños, vivieron un auténtico vía crucis. Las grandes, acostumbradas a ganar, supieron lo que es tener pérdidas cuantiosas, o ver reducidas sus utilidades al mínimo.

El resto vivió meses de angustia. Hicieron todo para sobrevivir: achicarse, despedir personal, reducir jornadas de trabajo, bajar salarios. Entre las pequeñas y las micro, para muchas la muerte fue su destino.

Y es apenas el primer año de gobierno de Enrique Peña Nieto.

Nada de qué presumir.

(Fragmento del reportaje que se publica en Proceso 1935, ya en circulación)