martes, 15 de octubre de 2013

A un mes de ‘Manuel’, Tixtla, Guerrero sigue inundada

FUENTE: PROCESO.
AUTOR: EZEQUIEL FLORES CONTRERAS.

TIXTLA, Gro. (apro).- A un mes de la inundación en el Valle de Tixtla provocada por la tormenta Manuel, el Espejo de los dioses sigue estrellado y el agua desbordada de la mítica laguna mantiene anegada la tercera parte del histórico poblado.

La angustia ciudadana se ha convertido en coraje y resentimiento ante la indolencia gubernamental porque, aseguran, la ayuda oficial no ha sido efectiva y los conflictos sociales aumentan en proporción a la parálisis de las autoridades en este lugar donde impera el caos y el desorden.

“El diablo está pidiendo 10 almas para secar la laguna y estamos pensando llevarle a 10 políticos comenzando con el alcalde Gustavo Abarca Alcaraz”, expresa un ciudadano en el barrio de El Santuario, haciendo referencia a la leyenda prehispánica de la batalla del Saurín y El Mayantli.

El Saurín, un sabio hombrecillo protector de los habitantes de Teoixtlán, como los antiguos nahuas llamaron al Valle de Tixtla, venció al mal o la hambruna convirtiendo al Mayantli en piedra y, de estar forma, surgió la cueva de Amatitlán, hoy conocida como la Cueva del Diablo, ubicada en un cerro frente a la laguna, donde se encuentra un resumidero natural que mantiene el equilibrio natural del ecosistema.

El hambre y la devastación que hoy se vive en Tixtla obligó al propio alcalde perredista Gustavo Alcaraz Abarca, a realizar una ofrenda al Mayantli en la Cueva del Diablo, en un hecho que sintetizó la inoperancia gubernamental frente a la tragedia.

Por ello, los tixtlecos indignados con las autoridades exigen que los sacrificios humanos sean de los políticos responsables de la tragedia, quienes fomentaron, toleraron y permitieron asentamientos humanos en el margen de la laguna, y por no desazolvar la zona de forma periódica.

El montaje mediático del gobernador Ángel Aguirre, quien una semana después del desastre acudió al lugar de la inundación acompañado por una cámara de Televisa que lo entrevistó con el agua hasta el pecho, así como la actitud de reporteros que han utilizado las embarcaciones destinadas a labores de ayuda para dar paseos por la laguna, han incrementado el coraje ciudadano.

Hasta el momento, la mayoría de las mil 500 casas afectadas de los barrios El Santuario, Cantarranas, El Camposanto, San Isidro y San Antonio –todos ubicados en la zona oriente– siguen inundadas, varios inmuebles han colapsado y existe un registro oficial de 7 mil 500 damnificados.

Esta franja anegada representa una tercera parte del territorio de Tixtla, habitado por al menos 30 mil personas.

Los programas impulsados por el gobierno estatal para tratar de revertir los efectos del desastre (empleo temporal y la tarjeta de 10 mil pesos para adquirir enseres domésticos) simplemente han fallado.

La Secretaría de Desarrollo Social no ha entregado el plástico a los miles de damnificados y adeuda dos semanas a ciudadanos que perdieron su hogar y formaron brigadas de limpieza para tener un sustento económico, denunció Jorge Luis Basilio Dircio.

El gobierno estatal paga 61 pesos por trabajar cuatro horas diarias a los casi 100 brigadistas que desempeñan su trabajo sin medidas de seguridad.

“Las autoridades sólo nos dieron una playera”, indicó Basilio Dircio, quien destacó que la mayoría de sus compañeros trabaja en sandalias y sin medidas de protección en medio del agua estancada que, a un mes de la inundación, representa un foco de infección.

Al respecto, el alcalde perredista reconoció que la estrategia implementada por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) para desfogar el líquido podría demorar hasta 40 días más.

La dependencia federal trata de extraer 13 millones de metros cúbicos de aguas turbias, de un total de 26 millones que se encuentran anegados en esta población.

Hasta el momento, dijo en entrevista en la sede del ayuntamiento, se han expulsado 2 millones de metros cúbicos mediante un emisor instalado en la parte norte, el cual vierte las aguas negras hacia una barranca que cruza la comunidad indígena de Atliaca, así como el municipio de Mártir de Cuilapan y desemboca en el río Balsas.

Este desfogue ha permitido reducir 63 centímetros el nivel del agua en algunas casas, mientras que en la zona crítica la inundación alcanza hasta los dos metros de altura.

Al respecto, el presidente del comisariado de bienes comunales de Atliaca, Victoriano Iglesias Alarcón, advirtió que este jueves prevén manifestarse 800 comuneros para exigir que el agua contaminada de la laguna no sea vertida directamente en la barranca para evitar que se contaminen los manantiales de la zona.

Por ello, demandó a las autoridades que la tubería del emisor sea completa y no parcial. También solicitaron apoyos económicos para revertir los efectos del desfogue del agua de la laguna en sus terrenos.

Así se cumple un mes de la inundación en Tixtla, este pueblo de la zona centro de la entidad, donde políticos y reporteros recorren la laguna en embarcaciones como si pasearan por Venecia.

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