jueves, 19 de septiembre de 2013

Se van maestros del Zócalo pero policías toman su lugar

FUENTE: PROCESO.
AUTOR: ARTURO RODRÍGUEZ GARCÍA.

MÉXICO, D.F. (apro).- Soldados uniformados y con armas largas deambulan por el Centro Histórico capitalino. Unos pasos más allá, las formaciones de la Policía Federal (PF) se relajan, asoman en escaparates y flirtean con las dependientes de los comercios del sector.

Estampa de una plaza pública desalojada y tomada por el Ejército. La anciana María Elia García intenta llegar a paso lento, del brazo de su también anciano esposo, a una farmacia por 16 de Septiembre y 5 de Febrero, donde se mantienen vallas metálicas reforzadas.

Ahí, encara a un agente del Estado Mayor Presidencial (EMO) que, impertérrito, le niega el paso. Aunque está a escasos metros del acceso a la farmacia, el guardia presidencial le instruye que haga un rodeo regresando por 16 de Septiembre, siga por Palma, Venustiano Carranza y regrese a 5 de Febrero, es decir, a su punto original, pero del otro lado del cerco militar.

Por poco desata un tumulto, pues otros transeúntes se suman a los reclamos:

Que si están para cuidar, no para fregar a los ciudadanos; que por qué no van detrás de los de Tepito; que así fueran buenos con los narcos; que también pagan impuestos…

La pareja tiene urgencia y decide seguir la ruta indicada. El soldado se mantiene en su puesto.

Al fondo, se observa Palacio Nacional. Entre las vallas que no pudieron franquear los ancianos y el edificio simbólico del poder presidencial, hay una plancha repleta de formaciones de soldados con boina roja. Subsisten algunas estructuras metálicas que fueron colocadas ahí para que el presidente Enrique Peña Nieto encabezara el desfile militar del lunes anterior.

En dos gigantescas carpas blancas, las partidas de soldados que no están en la formación comen, o como dicen ellos, “hacen el rancho”.

El lugar está libre de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que el viernes 13 abandonaron el lugar ante la inminencia del desalojo por la fuerza policiaca y militar. La amenaza convertida en ocupación: desalojaron el Zócalo, lo que sólo sirvió para alojar a cientos de militares.

Marcha por el Centro Histórico

Miles de personas marchan, es decir, recorren a pie el centro de la ciudad, ante la ocupación policiaca y militar. Los cercos se mantienen en las bocacalles, con granaderos que mantienen defectuosas filas. Impericia, distracción o agotamiento por las horas y el esfuerzo, a uno de los agentes le resbala el escudo provocando que caigan otros tres. El estruendo es seguido por otro: el de las carcajadas de sus compañeros.

Una mujer habla por su teléfono celular a gritos en el exterior de la estación de Metro Allende. Entre el bullicio y la música de los artistas urbanos, intenta explicar a su interlocutora que la estación Zócalo, permanece cerrada.

–Mi hija está embarazada –se lamenta— vamos a caminar al consultorio de su médico que está en Moneda, porque todo está cerrado. Yo creí que se habían ido los maestros, pero parece que ahí siguen.

Como ella, miles de personas transitan en tumultos por esas calles, sujetas a revisiones, teniendo que sortear vallas de acero, encarando las increpaciones de policías y Estado Mayor, mientras en la plancha del Zócalo se forman y desforman los soldados.

La mujer está convencida de que la CNTE continúa en el lugar y reprocha las protestas de los maestros que, sin embargo, hoy decidieron realizar una marcha de su campamento en el Monumento a la Revolución a la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Ni cerquita pasaron del Zócalo capitalino que, por otra parte, mientras estuvo el campamento de la CNTE, mantuvo su estación del Metro en servicio.

Pocos saben que el cerco continuará hasta mañana, jueves 19 de septiembre, cuando el presidente Enrique Peña Nieto encabece el acto por la conmemoración luctuosa del terremoto que devastó a la ciudad en 1985, si es que la devastación nacional de estos días se lo permite.

Ceremonia ya conocida. Cada mañana del 19 de septiembre, para recordar a las víctimas del terremoto, el presidente camina sobre la plancha del Zócalo, donde se le coloca un módulo. Ahí, encabeza un saludo a la bandera, los militares cumplen con alguna solemnidad fúnebre y, finalmente, el mandatario, para colocar la bandera a media hasta, apriete un imperceptible botón en el módulo.

Crimen y caos

La zona es caótica de por sí, con el tránsito dilatado y la afluencia de personas que realizan su rutina en el sector. Todo se suma: en 16 de Septiembre, las obras de remozamiento urbano han convertido esa vía en paso peatonal; no es posible pasar de Tacuba a Donceles, por una obra del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)…

Pero aun con esas obras y el campamento de la CNTE, el centro de la ciudad pocas veces ha sido tan inexpugnable como hoy.

Desde Eje Central Lázaro Cárdenas, donde la circulación se interrumpió en Venustiano Carranza, hasta las calles en torno al Zócalo, las formaciones de granaderos se han asimilado a la fisonomía urbana.

Hostigamiento por indumentaria. Miles de personas transitan por esas calles, pero en 16 de Septiembre y Bolívar, un joven que viste estilo hip-hop, debe someterse a una “revisión de rutina”.

Esta calle fue escenario de una batalla campal apenas el viernes pasado. Desde el Zócalo hasta Eje Central, un grupo de jóvenes se enfrentó a la Policía Federal (PF) y, entre unos y otros, se arrojaron toda clase de objetos. Las mismas obras de remozamiento sirvieron de “parque”. Los comercios cerraron y, cuando finalmente la vía fue desalojada, un equipo de limpia entró en acción.

–¿Causaron destrozos en el negocio? –se le pregunta a quien se presenta como Paco, mesero de una Churrrería.

–Ninguno en los negocios, dicen que aventaron piedras con los banqueros (el Club de Banqueros) pero ni se ve nada…

Unos pasos más cerca de Eje Central, una anciana indigente pretende descansar en la banqueta. Rápido, los granaderos la levantan e incitan a continuar. Hay tímidos reclamos desde el interior de comercios que, sin embargo, se someten cuando los granaderos, desafiantes, reaccionan aproximándose al lugar de donde proceden los reclamos.

Sin la CNTE en la Plaza de la Constitución y cerrada ésta por el operativo, las calles convergentes son estacionamiento de autobuses repletos, no de los turistas que el comercio organizado reclama, sino de policías federales que logran satisfacer su hambre en las garnachas de banqueta.

Junto a ellos y a los granaderos, en Tacuba, Allende y Madero, como siempre, se ofertan lentes con graduación a la medida de dudosa salubridad: comprometen la entrega en media hora a un precio de 250 pesos.

Por Eje Central, la mercadería es abundante: software y películas pirata, reconfiguraciones para teléfonos celulares robados, equipos de tecnología de punta sin patentes ni factura de origen, pantallas, reproductores y una extensa gama de artículos usados de bajo costo. Por lo que se dice en televisión y en cada producto original, algunos de esos oferentes podrían estar incurriendo en delitos federales.

A quién le importa. Los agentes de ese entorno optan por concentrarse en observar a una joven pareja que, con acordeón y violín, interpretan magistralmente la Marcha Húngara No. 5 de Brahms y están ahí por otra razón: cuidar que el público no ingrese al espacio público del Zócalo.

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