lunes, 22 de julio de 2013

IMCO va por apertura

FUENTE: REPORTE INDIGO.
AUTOR: PENILEY RAMÍREZ.

Juan Pardinas asegura 
que la reforma energética es la mejor opción para salvar 
la economía de México
Los sentimentalismos, ilusiones y falsas idiosincrasias deben quedar atrás. Debe prevalecer el sentido de urgencia, el pragmatismo.

México debe “mirar hacia fuera” y entender la reforma energética que se discutirá en septiembre como el último tren para salvar su economía.

Esta es la postura del director del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), Juan Pardinas.

Entrevistado previo al anuncio del PAN de que presentarán a finales de julio una propuesta de reforma energética, Pardinas hace suyos los pensamientos de una apertura a la inversión y se adelanta en argumentos, definiciones, propuestas.

Su posición en pro de la apertura es el primer acercamiento que presenta Reporte Indigo de una serie de entrevistas temáticas en la que voces políticas, técnicas y ciudadanas definen qué consideran que debe hacerse de cara a la reforma.

Juan Pardinas es doctor en Economía por la London School of Economics, maestro en economía por la Universidad de Sophia en Tokio y politólogo por la UNAM.

Ha sido corresponsal de CNN en Español en India y Japón. En México ha sido profesor su alma mater y del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Prisa por la apertura

Pardinas se dice miembro de una generación para la cual la atracción de talento e inversiones son medidas del éxito.

Está convencido de que Estados Unidos se acerca a pasos agigantados hacia la independencia energética, con la sobreabundancia de gas por la producción en los yacimientos de lutitas, conocidos en inglés como shale gas y shale oil.

Califica como “una estupidez” que México compre gas caro y de regiones lejanas como Sudamérica y Asia, cuando el vecino lo tiene barato y en grandes cantidades.

Amplía: “Lo lógico sería tener una infraestructura de gasoductos para importar gas barato de Estados Unidos ya que no podemos sacar nuestro propio gas.

“Un gas que lo pudiéramos estar pagando a 4 dólares por millón de pies cúbicos lo estamos pagando a 16 dólares, elevando costos de la producción, de la manufactura, de las exportaciones mexicanas y poniendo en riesgo a la industria”.

Aunque es consciente de las implicaciones de la explotación de shale gas por los consumos enormes de agua, insiste en que no hay evidencias suficientes y sólidas para presumir daños ambientales o riesgos para la salud humana.

Le preocupa que la reforma energética se centre en la refinación y que el gobierno de Enrique Peña Nieto retome “la idea peregrina de construir una refinería en Hidalgo”.

Asegura que ya está comprobando que “los mexicanos somos malos para eso de la refinación”.

Por tanto, defiende que el país se abra a un pensamiento más regional y refine su petróleo en Estados Unidos, donde hay refinerías “ya construidas y en venta”.

El petróleo no es de Pemex, insiste, es de los mexicanos, por lo que el país debe redefinir su idiosincrasia más allá de este hidrocarburo.

“Tenemos una especie de confusión de amor por nuestro país de querer que la gasolina se refine aquí”, alega.

En esta visión, los mexicanos deben mirar a otras naciones que han abierto la refinación, como Arabia Saudita, o que han permitido las concesiones de explotación en hidrocarburos, como Noruega, Cuba o Colombia.

“Si Colombia pudo hacerlo, ¿por qué nosotros no?” se pregunta Pardinas, mientras repite las ventajas de la apertura, los incentivos, la competencia.

“La reforma tiene que ser un triunfo de la urgencia actual contra el sentimiento, (ahora) está más guiada por ilusiones, necesitamos más datos duros y más evidencias no sólo de las circunstancias de México sino de lo que está pasando en el mundo”, remata.

El director del IMCO no es optimista. Sin una reforma “constitucional y de fondo” ve un panorama en que Estados Unidos deje de comprar petróleo a México y “tengamos que buscar dónde colocar nuestro petróleo”.

Considera poco seria la premisa de que EU estaría cabildeando la reforma energética mexicana: “A EU ya no le interesa el petróleo mexicano, ya no le interesa el gas, ya ellos tienen suficiente, tienen una capacidad de proveerse que no se imaginaron”.

También el shale

Ante este panorama “inminente” de cambio en las rutas de la energía, Pardinas ve “un riesgo enorme para México de no hacer nada y suponer que el presente va a ser un mapa de ruta de lo que va a ser el futuro”.

El argumento coincide con varias de las posturas planteadas cuando se discutía la reforma energética anterior, en 2008.

Insiste en que se debe abrir la industria de explotación de shale gas a las petroleras extranjeras.

Entre los esquemas disponibles, cree que el mejor sería el de cobrar derechos e impuestos y que las empresas ganaran un porcentaje por cada barril extraído.

Da como un hecho las proyecciones de la Agencia de Información Energética de EU (EIA, por sus siglas en inglés) sobre el potencial de shale gas y shale oil para México.

“Somos el sexto país con mayor potencial de gas natural y a pesar de que tenemos esta sobreabundancia de gas en el subsuelo tenemos escasez a nivel de tierra”, dice.

Ante este panorama, cree que “no hay que dejarle a Pemex toda la responsabilidad de sacar el petróleo de los mexicanos.

“(Se debe) permitir que empresas internacionales compitan con la propia empresa estatal en eficiencia, costos, tecnologías, en capital humano, para encontrar los yacimientos a los costos más bajos y con los mejores rendimientos para los mexicanos”.

Ninguna de estas propuestas constituye para Pardinas la privatización de la petrolera.

“Estamos en contra de la privatización y la entendemos como la transferencia de activos públicos propiedad de la Nación a manos privadas.

“Que ni un tornillo de Pemex pase a manos privadas, que los pozos y los proyectos que ya está ejecutando Pemex los siga ejecutando, que todo lo que se plantea en la reforma sea hacia el futuro”, declara.

Repite que la apertura a la inversión es algo distinto a la privatización.

Lo que se debe hacer, entonces, es “permitir que empresas vengan a México a competir con Pemex sin transferir ningún tipo de bienes o recursos públicos a empresas privadas.

“Lo que a mí me gustaría ver es que se extraiga la riqueza de petróleo y gas cuando todavía los precios son competitivos, mientras no surjan nuevas revoluciones tecnológicas en renovables, mientras los hidrocarburos sigan siendo la principal fuente de energía y eso no lo podemos hacer con Pemex solo”.

Su visión del “mejor Pemex” es una compañía que ya no dependa del petróleo que extrae en México, porque ya tenga inversiones en más de 20 países, como la noruega Statoil.

La única forma de lograrlo, asegura, es “exponiendo a Pemex a la competencia y a la modernización tecnológica.

“Si queremos realmente traer capital, inversión, tenemos que entender que esto implica cierto nivel de flexibilidad”.

Para ello, México debe eliminar el pensamiento de que su petróleo es “la última Coca-Cola del desierto” y debe apurarse a dar opciones flexibles para que las compañías internacionales quieran invertir su dinero aquí.

“Nos preocupamos por muchos años de la escasez del petróleo, ahora la pregunta es que vamos a hacer con la sobreabundancia”.

En una situación de precio del gas bajo o alto, Pardinas insiste en que el país saldría beneficiado, por lo que hay que iniciar su explotación ahora.

Nuevos reguladores

La aplicación práctica de estas visiones pasa por la creación de un organismo regulador que esté por encima de Pemex y tenga más poder que la actual Comisión Nacional de Hidrocarburos.

“Esto no puede quedarse en manos de Pemex, la iglesia no puede quedar en manos de Lutero, el chiste es que Pemex se vuelva la empresa fundamental en un contexto de competencia y multiplicidad de actores económicos”, acota.

En este nuevo juego que Pardinas propone, Pemex sería un jugador más, el principal, en un conjunto de competidores.

“Necesitas una autoridad que esté por encima de Pemex, que represente los intereses del Estado mexicano, que obligue a la empresa a transparentar contratos, costos, procesos.

“El mayor riesgo para una reforma energética exitosa es la opacidad en el momento de la implementación”, alega.

La hoja de ruta está marcada. El interés pasa por no tocar los proyectos actuales y enfocarse en los nuevos, fundamentalmente en aguas profundas y shale gas.