viernes, 21 de junio de 2013

Ricardo Salinas, el otro coordinador parlamentario

FUENTE: REVOLUCIÓN 3.0
AUTOR: ÓSCAR BALDERAS.

Antes de 1993, Ricardo Salinas era un empresario de mediano nivel. Lo mejor que se podía decir de él era que tenía buenas credenciales académicas –licenciado como contador público con Mención Honorífica en el Tec de Monterrey y un MBA en la Universidad de Tulane, Nuevo Orleans, en Estados Unidos– y que tendría que ponerlas a prueba para salvar el negocio familiar.

Había heredado de su padre un negocio de venta de radios y televisores que había crecido hasta convertirse en varios locales de venta de electrodomésticos, pero que en aquel año se encontraba quebrado: Elektra, el brazo financiero del negocio familiar llamado Grupo Salinas y Rocha.

Mucho ha pasado desde entonces: Ricardo Salinas aprovechó su amistad con el hermano del entonces presidente de México, Carlos Salinas, y a través de Raúl Salinas obtuvo un préstamo millonario para ganar un asiento en la subasta de Imevisión, un medio gubernamental que, como muchas otras empresas del país, se remataron para privatizarlas.

Con 669 millones de dólares –aportados en gran medida por la familia presidencial– se convirtió en el dueño de Televisión Azteca, la segunda cadena de televisión más importante del país, que lo llevó en 2012 ha ser el segundo mexicano más rico, detrás de Carlos Slim.

Ahora, ha dado otro paso en su personalidad expansiva: este empresario radicado en México –dueño de canales de televisión, equipos de futbol, empresas de telecomunicaciones, tiendas departamentales, medios de transporte, bancos y fundaciones que pagan sus impuestos– quiere expandir su reino a otra zona: la política.

Su abierto interés por controlar un sector del Congreso mexicano comenzó en las elecciones federales del 2012, cuando logró colocar a más personajes ligados a él en posiciones claves para operar con mayor facilidad sus negocios.

Ahora es un pequeño coordinador parlamentario con los colores de su televisora.

Su hija Ninfa Sada Salinas es senadora de la República por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), al que se le atribuye la mayor conformación de la telebancada en la Cámara de Diputados.

El también senador por el PVEM, Luis Armando Melgar, fue director hasta 2011 de Proyecto 40, una señal de televisión propiedad de Ricardo Salinas.

Uno más en el Senado y pevemista: Alberto Puente Salas, ex asesor de la Cámara de la Industria de Radio y Televisión (CIRT), trabajó en TV Azteca hasta el 2003.

En la Cámara de Diputados está el pevemista Federico José González Luna Bueno, quien como asesor de la CIRT prestó en varias ocasiones sus servicios profesionales a altos directivos de TV Azteca.

Y el priista Jorge Mendoza Garza, quien en 1994 fue vicepresidente ejecutivo de Información y Asuntos Públicos de Grupo Salinas.

Una maniobra fallida, atribuida a él, fue la nominación a San Lázaro del conductor de televisión Raúl Osorio, quien buscaba saltar del set de “Venga la Alegría”, de Televisión Azteca, a una curul por el distrito 9 de la delegación Venustiano Carranza; sin embargo, perdió ante la izquierda capitalina.

Su poder en el Congreso mexicano ha sido criticado por varias organizaciones: la Asociación Mexicana por el Derecho a la Información (AMEDI) ha señalado que estos alfiles de Salinas Pliego, y de su rival en negocios Emilio Azcárraga, propietario de Televisa, trabajan en el Congreso para velar por intereses particulares.

La AMEDI les llama “personeros” que velarán en primera instancia por lo negocios de sus jefes, entre ellos Ricardo Salinas Pliego, cuyo interés empresarial encima del nacional quedó exhibido el año pasado durante las campañas presidenciales.

Justo el día que Televisa transmitiría en cadena nacional el primer debate entre los cuatro candidatos presidenciales, TV Azteca programó un juego de fútbol entre Tigres y Morelia, este último de su propiedad; los usuarios de redes sociales le pidieron reprogramar el juego y transmitir también del encuentro entre candidatos para que mayor gente se enterara de las propuestas, pero Salinas Pliego se negó.

En su cuenta de Twitter (@RicardoBSalinas) escribió: “Si quieren debate, véanlo por Televisa, si no, vean el fútbol por Azteca. Yo les paso los ratings al día siguiente”.

Con ese arrebato, organismos de la sociedad civil que luchan por la democratización de los medios comenzaron a construir un adamiaje de dudas sobre las intenciones de la telebancada al servicio de Salinas Pliego.

“Lo que viene, lo que significa esto, es una elevada cuota de favores que van a cobrar las televisoras al presidente de México. Y aunque no lo quiera el poder político, una pantalla sí puede doblar un país entero”, alertó AMEDI en un comunicado de prensa.

Allá va, dicen los organismos civiles, Ricardo Salinas Pliego: por otro préstamo presidencial del tamaño de 669 millones de dólares… pero en capital político y desde el Congreso.