lunes, 1 de abril de 2013

Telecom y Televisa, en cuatro actos

FUENTE: LA SILLA ROTA.

Cuatro momentos en la etapa reciente de la relación entre Televisa y el gobierno federal dan cuenta de cómo los gobiernos del PAN no tocaron ni con el pétalo de un boletín de prensa la simbiosis vigente durante décadas entre la autoridad y los concesionarios de la pantalla chica.

Pero el último acto de esta historia en cuatro actos refiere un muy reciente portazo en las narices de Bernardo Gómez, el poderoso operador político del imperio televisivo más importante en habla hispana del mundo. Y abre la incógnita de si las cosas realmente han empezado a cambiar.

Arrancaba el gobierno de Vicente Fox (2000-2006), un mandato de alternancia que se anunciaba como una ruptura de régimen tras 70 años de dominio del PRI en la Presidencia de la República.

En la Secretaría de Gobernación, a cargo de Santiago Creel, fue convocada una ronda de consultas entre los sectores implicados en una reforma a las telecomunicaciones. Diversas mesas fueron montadas y se empezó a hablar de un anteproyecto de nueva ley del sector, el primero desde los años ´70.

Joaquín Vargas, a la sazón presidente de la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRyT, de 1999 a 2001), planteó a los principales dirigentes del gremio que había llegado el momento de abrirse a un cambio de fondo en las reglas del juego que habían hecho del uso del espectro radioeléctrico un monopolio alentado por el Estado, al que correspondía mediante favores cruzados con el gobierno en turno.

Mientras eso ocurría, un habilidoso personaje se colaba literalmente por la puerta trasera de Los Pinos y ascendía en el aprecio de sus principales huéspedes hasta hacerse capturar en una imagen en la que besaba la mano de la primera dama del país. Ella era Martha Sahagún. Él, Bernardo Gómez, vicepresidente ejecutivo de Televisa.

Incluso la biografía oficial de Gómez da idea de su poder en el consorcio: Es también miembro del Directorio de la empresa y parte de la Oficina de la Presidencia; como tal, diseña, junto con Emilio Azcárraga Jean y Alfonso de Angoitia, las estrategias operativas, de negocios y expansión del Grupo Televisa. Gómez –añade su perfil publicado en el portal corporativo de la televisora- es responsable del contenido de Noticieros Televisa, y “comanda las relaciones corporativas con los gobiernos federal y locales en México, así como con los partidos políticos, lo mismo que con los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial”.

Gómez –se añade- fue presidente de la CIRyT entre 2001 y 2002, posición en la que “conquistó avances históricos para sus miembros”. Se trata de una alusión superficial al llamado “decretazo” dictado por el gobierno Fox en octubre de 2002 mediante el cual se modificaron las obligaciones de los concesionarios para trasmitir tiempos oficiales. Expertos han estimado que por ese acuerdo el gobierno federal pierde cada año espacios cuyo valor en el mercado supera los 30 mil millones de pesos.

Se desconocen los términos en los que el señor Gómez logró lo que ha sido descrito como la “captura” de Los Pinos, que tuvo su expresión además del ya citado “decretazo”, en el asalto ocurrido en enero del 2003 a las instalaciones del Canal 40 en el cerro del Chiquihuite por parte de ejecutivos y guardias de Televisión Azteca, que por esa vía hacían valer sus presuntos derechos sobre bienes del entonces canal independiente. Consultado sobre cómo enfrentaría este problema, el presidente Vicente Fox emitió una de las frases que forman su legado: “¿Y yo por qué?”. Fin del primer acto.

El segundo acto se escenifica en la misma residencia presidencial de Los Pinos, en un momento cercano al 2005. El lugar, la sala de juntas anexa al despacho presidencial, dotada de una mesa oval. Una reunión del presidente Fox con un grupo compacto de concesionarios y funcionarios del gobierno mexicano. Los primeros son encabezados por el citado Bernardo Gómez.

El tema preciso de la reunión no está claro. Se asegura que se trataba de toda una agenda de peticiones del Grupo Televisa, entre la que figuraba lo que después se conoció como la “Ley Televisa”, que fue aprobada por el Congreso y garantizó –hasta que fue invalidada en partes esenciales por la Corte- la salvaguarda del monopolio más allá de cualquier contratiempo que pudieran suponer las nuevas tecnologías o el cambio de gobierno.

Las versiones de lo ocurrido ahí coinciden. El propio Vicente Fox ha referido el momento ante varios interlocutores. Se trató, sin duda, de una situación crítica en la que Bernardo Gómez parece perder la paciencia y empieza a golpear la mesa con la palma de la mano. Literalmente, Gómez le “manotea” al presidente de la República, en presencia de otras personas, de colaboradores y de integrantes de su cuerpo de seguridad. De pronto, Fox se pone de pie y expresa a su principal interlocutor: “Así no, Bernardo”. Y acto seguido, abandona la sala. Integrantes del Estado Mayor Presidencial se quedan esperando la orden de desalojar por la fuerza a los insolentes invitados a Los Pinos, quienes acaban retirándose sin mayores incidentes.

Todavía en los meses finales del gobierno, Fox recibe a empresarios interesados en competir en una licitación por nuevas señales de televisión. Tras escuchar la presentación con argumentos técnicos y económicos, el presidente les pregunta: “¿Ya hablaron con Emilio (Azcárraga)?”.

Tercer acto. El 6 de junio de 2006, en el segundo debate presidencial, Andrés Manuel López Obrador pareció hundir a Felipe Calderón tras acusarlo de conflicto de interés por supuestos contratos concedidos por Pemex a su suegro, Hildebrando Zavala. La campaña panista entra en un periodo de dudas e incertidumbre.

En esas horas bajas del PAN y de Felipe Calderón, Bernardo Gómez recibió a la coordinadora de la campaña blanquiazul, Josefina Vázquez Mota. Con gesto duro y llamándole “Chepina”, Gómez le dio un ultimátum: Pagarán de inmediato las deudas que tengan con Televisa por concepto de anuncios, y por adelantado cualquier “spot” adicional. “Si no, tu campaña se acaba hoy, ´Chepina´ querida”, le dijo.

Vázquez Mota emprendió una ronda inmediata de aportaciones entre algunos empresarios, especialmente de Monterrey, algunos de los cuales incluso le habrían llamado a Gómez para advertirle que, con su postura, Televisa traslucía su apoyo a López Obrador. No lograron nada, pero el dinero recaudado por Josefina permitió un poco más de oxígeno a la causa calderonista.

Pese a ello, la relación entre Felipe Calderón y las televisoras siempre fue de claudicación por parte del gobierno. Desde la campaña se sumó a la aprobación de la “Ley Televisa”, y durante su gobierno ratificó los apoyos de todo tipo tanto con Televisa como con Televisión Azteca. Sólo en materia de gastos de publicidad, se estima que el gobierno de Calderón pagó a las televisoras cerca de 5 mil millones de pesos anuales. Lo que los analistas no han logrado identificar fue qué logró Calderón a cambio, pues incluso al final de su gobierno, cuando era evidente que las televisoras se habían acercado al priísta Enrique Peña Nieto como precandidato presidencial, el dinero y los apoyos gubernamentales nunca dejaron de fluir.

Cuarto acto. La campaña del 2012 había fluido sobre rieles para el PRI. Televisa y el equipo de Bernardo Gómez no mostraban pudor alguno para hablar del abanico de servicios que se le otorgaron a la candidatura del PRI: Coberturas especiales, notas, entrevistas, encuestas, servicios en diarios afines al consorcio. Los ejecutivos de la televisora se referían a Enrique Peña Nieto como “el proyecto” del Grupo, aludiendo a que había un acuerdo profundo entre ellos y el mexiquense.

Hacia el final de la campaña las cosas se empiezan a modificar. Emerge el movimiento #YoSoy132 y la cobertura que le otorga la televisora da cuenta de que algo se ha roto con el equipo del candidato del PRI. Desde Televisa surgen voces con quejas como “…todos los favores que hemos hecho”, a lo que desde el equipo del mexiquense se responde, en corto: “No ha habido spot que no hayamos pagado…hasta el último minuto”.

Llegaría la ceremonia de toma de posesión, con el anuncio presidencial de que se licitarían dos cadenas nacionales de televisión. A ello seguiría el Pacto por México, con mayores detalles; la señal de firmeza con el arresto de Elba Esther Gordillo, y el anuncio de lo que se conoce como la Ley Telecom, con varias reformas constitucionales, y al final el forzado aplauso de las empresas monopólicas del sector.

La siguiente escena se produjo poco antes de la detención de la lideresa magisterial. El multicitado Bernardo Gómez, cuya residencia actual está en San Diego, California, mandó un mensaje al gobierno pidiendo que un funcionario “explicara” los términos de la reforma que el gobierno estaba por presentar sobre telecomunicaciones. Se le hizo saber que ese funcionario sería Eduardo Sánchez, subsecretario de Gobernación, una persona “non grata” para Televisa, al grado que buscó vetar su llegada a ese puesto.

Fuentes de alto nivel aseguran que Gómez hizo contacto con Los Pinos para pedir una entrevista directamente con el presidente Peña Nieto, en busca de la misma “explicación”. La respuesta ya no dejó lugar a dudas: El gobierno estaba dispuesto a ofrecer una reunión a ejecutivos de Televisa para abordar el tema de la reforma telecom. Esa reunión debería ser solicitada y atendida personalmente por el presidente de Televisa, Emilio Azcárraga. Y el funcionario de la administración federal que lo recibiría sería el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong. Fin de episodio. Esta historia continuará.