lunes, 25 de marzo de 2013

Violencia imparable: lo que falta por ver

FUENTE: SIN EMBARGO.
LINK: http://www.sinembargo.mx/opinion/25-03-2013/13388

Dos días, 14 estados y más de 50 ejecuciones fue el saldo del pasado fin de semana, el más violento desde que Enrique Peña Nieto asumió la Presidencia de la República.

Sin embargo, por lo que el mismo Presidente afirmó, no habrá soluciones inmediatas ni resultados concretos hasta dentro de un año.

Mientras tanto, ¿cuántas muertes más nos espera ver? Miles, sin duda, porque el gobierno –en sus tres niveles– está lejos de tener control sobre la seguridad pública y las cifras de muertos así lo evidencian.

Además, desde el Presidente y los funcionarios federales que operan la salvaguarda de los mexicanos, hasta los que lo hacen en los gobiernos de los estados y municipios, han tratado de minimizar la situación, como si los hechos no fueran contundentes.

El sábado pasado, Uruapan, Michoacán, vivió un episodio macabro, luego de que un grupo del crimen organizado dejara los cuerpos de siete hombres en un transitado crucero de esa ciudad. Pero, además, los criminales los dejaron sentados en sillas de plástico, con los ojos vendados y con el tiro de gracia.

Decenas de ciudadanos aterrados pudieron observar la escena mucho antes que las autoridades llegaran al lugar. Fotos y reportes de este hecho circularon profusamente en las redes sociales.

Aun así, el secretario de Gobierno de Michoacán, Jesús Reyna García, hizo un llamado a los medios de comunicación a no “magnificar” la ejecución de los siete hombres, sino poner en contexto estos hechos aislados que están relacionados con el narcotráfico.

El funcionario añadió que ese multihomicidio tiene características muy precisas de narcotráfico y que “si los medios no lo magnifican seguramente no influirá en un ánimo en contra de Michoacán”.

Lo que haya querido decir Reyna García, quien en las últimas semanas y ante la ausencia por el estado de salud del Gobernador Fausto Vallejo Figueroa ha sido el responsable de conducir el gobierno de esa entidad, no se entiende sino bajo un criterio de conveniencia. Pide a los medios no magnificar lo que ya es enorme: el terror que día a día se vive en las poblaciones de esa entidad.

Por desgracia, Michoacán no es el único caso ni mucho menos.

El fin de semana de sangre y fuego tocó a 12 entidades, lo que no corresponde con las recientes declaraciones de Manuel Mondragón y Kalb, quien en una entrevista con Milenio Televisión planteó: “Sin ser triunfalistas, algunas áreas que estaban muy calientes ya han empezado a enfriarse”.


Son zonas, dijo el titular de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) como La Laguna, pero no dio más datos. Tampoco se refirió al aumento de la violencia en zonas “calientes” como Tamaulipas, Guerrero, Jalisco, Nuevo León y Michoacán, donde las ejecuciones no se han reducido ni un milímetro.

Las autoridades, a todos niveles, han adoptado un discurso que pretende minimizar la realidad y eso no es una buena señal para nadie.

Tapar el sol con un dedo es ya imposible a estas alturas en que el crimen se fortalece ante un Estado que, parece, se hace cada vez más pequeño por la ausencia de resultados en la aplicación de la justicia, el cuidado a la sociedad y el combate a la corrupción dentro de sus filas.

Y si esos resultados se verán hasta dentro de un año –como ya dijo Peña Nieto–, queda poca esperanza para una ciudadanía que tendrá que cuidarse sola, mientras el terror sigue apoderándose de pueblos y ciudades.

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